29 de marzo de 2015

LA CALAVERA DEL SULTÁN MAKAWA, de Rudolf Frank



Rudolf Frank, poeta y director teatral, nacido en Mainz, Alemania en 1886. En 1914 es reclutado como artillero y destinado al frente del Este, donde ejercerá como corresponsal de guerra. En 1933 es arrestado por el gobierno nazi; cuando es puesto en libertad aprovecha para huir a Suiza donde murió en octubre de 1979.

Parece ser que el Sultán Makawa era un poderoso rey africano capaz de reunir bajo su sola presencia todo el poder de la negritud del continente, otorgando a sus habitantes la fuerza para poder dominar y luchar contra aquellos que eran o pudieran ser sus “enemigos”. Este señor debió morir hace tiempo porque su calavera, a principios del siglo XX estaba en poder del estado alemán o, al menos, eso dan a entender los vencedores de la I GM cuando redactaron el Tratado de Versalles, que incluía también la exigencia de que Alemania devolviera la susodicha calavera. En fin, por pedir que no quede.
Este tipo de cosas dan la impresión de que aquellos historiadores que consideran la II GM como una continuación de la Primera tienen bastante razón.

De tal despropósito, Rudolf Frank entresaca esta novela, alegoría de la manipulación que se ejerce desde el poder establecido sobre las personas que sustentan el sistema con su trabajo, su vida y la de sus familias. Todo ello relatado sin “conspiranoia” y sin la hipócrita repulsión que manipula a los mismos ciudadanos desde el lado contrario.

«Sin embargo, una hombre pierde su libertad tan pronto como se pone el uniforme. ¿Puede acaso seguir siendo considerado un ser humano? En la guerra, no. En la guerra ese hombre se convierte en una máquina asesina. […] “Carne de cañón”, la expresión más horrible que pueda hallarse en cualquier idioma.»

Aparte de que pueda extraerse un significado más o menos grandilocuente, la intención de Frank al escribir esta historia la deja bien clara el propio autor: «una advertencia en contra de la guerra dirigida a la juventud». Ningún editor publicaría hoy esta novela dirigida al público joven, demasiado nivel. Así degeneramos. De hecho compré el libro en Fnac y no precisamente en el departamento de literatura juvenil.

Literatura juvenil o no lo cierto es que hablamos de una novela con lenguaje simple, explicativo y didáctico; una novela de aventuras con una trama simple y sin la menor intención de ser enrevesada. Es el punto de vista de un niño de campo, huérfano y sin más vivencia que su conocimiento de la naturaleza. La inocencia como velo para exponer la crueldad de la guerra y la inmundicia y la bondad del comportamiento humano en una situación tan extrema. Más que una denuncia explícita es un sencillo relato sobre la experiencia del  ciudadano medio al que le despojan de todo en nombre de algo tan cuestionable como la calavera del sultán Makawa.

«—Sabed hombres negros, que creo en cada cosa que habéis dicho por boca de vuestro sargento, Kru-Kru. Es cierto, creo que os han prometido la calavera de vuestro rey Makawa como recompensa por la sangre que vuestros buenos y valientes hermanos derraméis en los campos de batalla de Europa. Yo estuve en África, amo vuestra tierra y os digo: también a mí y a ese hombre blanco, mi hermano —afirmó señalando a Voss—, y a ese de ahí y a ese y a ese, a todos los que estamos aquí, nos han prometido, como recompensa por nuestro sufrimiento y nuestra sangre, la calavera del sultán Makawa. Es sólo que le han dado otro nombre. No lo han llamado “Makawa”, sino “libertad”, “patria”, “justicia”. A unos le dijeron “Belgrado”; a otro: “Revancha”; ya a otro: “Padrecito Zar”»

1 comentario:

  1. Alegoria, novela juvenil y, por lo que parece, relato aventurero: la cosa pinta bien, e inevitablemente hace pensar en la mitica "El senor de las moscas".

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