9 de junio de 2014

LIMBO, de Agustín Fernández Mallo



Agustín Fernández Mallo es un escritor muy famoso. Es el autor de la trilogía Nocilla dream, Nocilla experience y Nocilla Lab. Viga maestra de la Generación Nocilla. ¿Lo cogen? Por lo de Nocilla en el título... generación Nocilla. Muy ingenioso, genial.
La generación Nocilla es... Sí hombre, es... una cosa de esas con las que editoriales y revistas del sector pretenden hacer caja y la gente del mundillo despliega su elocuencia onanista hasta que se les pasa el calentón; es entonces cuando todos, al unísono, sentencian que tal corriente literaria nunca existió.
De Fernández Mallo no había leído nada. Mucha crítica con división irreconciliable de opiniones, sólo eso. No me interesaba.

Entrados en materia debo confesar que algo me he perdido. No veo el momento de leer otras reseñas de esta novela  porque, desgraciadamente, ha resultado ser para mi pequeño ombligo uno de los mayores pestiños que he leído. Me gustaría decir aquella manida frase que dicen los que cortan con su pareja, aquello de «no eres tú, soy yo», pero tengo una serie de argumentos que me impiden cargar con la culpa.

0 El gran salto. Arranca el libro con una breve introducción de seis páginas que rememora el planteamiento argumental de “En busca de Klingsor”, estupenda novela de Jorge Volpi. Ya está. Ahí termina todo para el lector porque la historia nada tiene que ver con esto.

1 Matadero, ella. Una protagonista mejicana que narra en primera persona con un perfecto español de Castilla-León y un lenguaje impostado que no permite creerse el personaje. Narra, como digo, la vivencia actual de un viaje junto a su novio y los recuerdos de un cruel secuestro que sufrió pocos años antes.
«Las nutrias terminaron de morder y el grito de un pájaro que pasó sobre nosotros vino a romper el hiperrealismo.»

«Si soy sincera, el hallazgo de las cámaras tuvo un efecto ambivalente.»

Lo de narrar el viaje lo pongo de mi cosecha porque tratándose de una travesía de costa a costa de los Estados Unidos, Fernández Mallo durante unas decenas de páginas retiene al lector en un par de hoteles y restaurantes, recién iniciado el trayecto, elucubrando sobre una flojilla entelequia, para terminar despachando la ruta por el grueso del país en menos de un párrafo.
Eso sí, termina el capítulo con un golpe de efecto al estilo del más puro tahúr o trilero. Impactado por ello el lector tiende a anular toda crítica sometiendo los cabos sueltos al resultado inventado, que nada tiene que ver con el enunciado de la ecuación. Pura engañifa.


2 Eco, él. En la solapa del libro, en la reseña autobiográfica del autor, éste señala que tiene un grupo de música.
De eso trata este segundo capítulo: lo que mola tener un grupo de música y las marcas de los aparatos que se usan. Fernández Mallo nos cuenta todo el proceso creativo de una pareja de músicos. Y cuando digo todo es todo; todo, del verbo TODO. Intercala una abominable lista de genealogías musicales, comportamientos de adolescente empanado y otra interpretación más de la lectura del Nuevo Testamento. Y el lector piensa que le queda algo esotérico y poligonal, con muchas aristas.  Esa impresión se lleva leyendo el tedioso segundo capítulo, al menos hasta donde alcanzaron sus fuerzas.

«... con el añadido de que en él tenía su reflejo exacto la forma en que se organiza la Red, malla en la que vas de un “site” a otro “site” sin pasar por lugares intermedios.»

La introducción de seis páginas en la que el autor escribe un esbozo biográfico del físico Werner Heisenberg es mucho más interesante que el sesenta por ciento de novela que llegó a deglutir el lector.

4 comentarios:

  1. No me atraía nada el libro, ni (al menos de momento) el autor. Y a estas alturas engañifas como que no ;)

    Saludos!

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    1. Antes de leer Limbo tenía la misma sensación que tú, pero eran sólo eso: sensaciones. Ya ves que ahora tampoco puedo recomendar a este señor.
      Gracias por asomarte.

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  2. Me encanta, porque normalmente las críticas literarias son positivas; no sé si porque a quienes las hacen les gusta todo, o porque solo escriben sobre lo que les gusta. O por otras razones más ignotas que yo no alcanzo a imaginar... Pero una ´"buena crítica mala" es necesaria de vez en cuando, porque si no, podría parecer que todo el monte es orégano y que todo lo que viene encuadernado es una obra selecta.
    Un saludo.

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    1. Como soy muy dado a la soflama resumiré mi opinión sobre el motivo de las buenas críticas perennes: amiguismo, simbiosis y cártel económico.
      Decir lo que uno piensa sólo es posible si se es independiente o muy valiente. Mi caso es el primero, no tengo mérito.
      Gracias por tu visita.

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