18 de abril de 2012

EL TIEMPO ES UN CANALLA (Jennifer Egan)


Jennifer Egan nació en Chicago en 1962. Es autora de varias novelas, cuentos y ensayos. Con El tiempo es un canalla ganó el Premio Pulitzer 2011.

Una buena novelista cercana a los cincuenta, los componentes de un grupo de rock, un productor musical, unos estudiantes disolutos y el tiempo, tiempo a espuertas, elipsis van y analepsis vienen. Estos son los ingredientes de esta interesante novela, dicho sea en el aspecto técnico. Porque la historia no cuenta nada que no se haya dicho en otras miles de novelas contemporáneas. Al final todo esto de la literatura del siglo XXI va a consistir en contar lo mismo millones de veces con el único aliciente de encontrar quien lo escribe mejor. Y es que el argumento de El tiempo es un canalla me ha recordado mucho a la famosa novela Libertad, de Franzen (reseñada en este blog).

Esto de vivir en la zona rica del planeta acaba poniendo de los nervios: la crisis de los cuarenta suele desembocar en el divorcio. Pero parece ser que llegados a los cincuenta existe otra crisis que estriba en contar la vida de uno y sus amigos desde la época universitaria porque antes de eso todas las vidas son idénticas. Así que si sabe escribir decentemente puede intentar que le publiquen una novela con la historia de sus amigos de generación; otra historia más de lo mismo. Escríbase bien, que destaque, que sobresalga porque de lo contrario aburrirá a las ostras, recuerde que miles de novelistas antes que usted ya escribieron sobre lo mismo exactamente y muchos de ellos muy bien.

He leído la novela con interés, no se hace pesada. La narración es amena y el lector se desliza por la historia sin esfuerzo. La autora maneja a la perfección uno de los recursos más importantes de una novela: los detalles.
Como nunca hablo del argumento y mucho menos lo destripo, poco más tengo que decir de esta novela. Si acaso que los protagonistas están muy bien formados y que el cambio o evolución de sus personalidades se plasma fácilmente con la difícil técnica de usar el tiempo con maestría. Una cosa por la otra.

Hay gente a la que le encanta el cine y no le gusta especialmente el género del oeste. Ahora bien, a pesar de ello debe reconocer que Sin perdón, de Clint Eastwood es una obra maestra.
El tiempo es un canalla es una buena novela, aunque (a mí) la historia que cuenta no me transmite nada nuevo digno de mención, sí su manera de contarla aunque a veces peque de no saber (o no poder) ocultar sus ansias de hacer algo nuevo.

8 de abril de 2012

MADRID. EL ADVENIMIENTO DE LA REPÚBLICA (Josep Pla)


Durante unas vacaciones, un amigo de Beguiristán me contó que andaba por ahí un librito muy interesante de un tal Sergei Volkov, compatriota suyo. En él, a modo de diario el tal Volkov cuenta sus vivencias en la capital de su país durante los días en que se proclamó la I República. El libro en cuestión se titula Kadril. El advenimiento de la República.
Mi amigo hablaba maravillas del libro y de su autor. Así que me lo recomendó con la intención de que conociera mejor su país, su historia reciente y parte importante de sus protagonistas. Y como me parecía milagrosa la coincidencia de ambas lecturas, estuve a punto de hacer lo propio con el libro de Josep Pla, Madrid. El advenimiento de la República, convencido de que le serviría para entender buena parte del siglo XX español.
Aún hoy no soy capaz de encontrar los motivos que me llevaron a no recomendarle el libro de Pla. Pero no me arrepiento lo más mínimo porque leyendo el de Volkov no me enteré de la misa la media. Nombres y más nombres que no conocía de nada. Y otra vez más nombres. A pesar de estar muy bien escrito el autor daba por conocidos los personajes que plagaban la narración. Me di cuenta de que para entender Kadril. El advenimiento de la República, debía conocer antes la historia de Beguiristán. Y la verdad, si a un español de a pie le importa poco la historia de Beguiristán, imaginen a un señor de aquellas tierras lo que puede importarle la historia de aquí como para tener que estudiarla y así poder leer un librito de ciento setenta y tres páginas.

En Madrid, el advenimiento de la República aparecen Cambó, Miguel Maura, Juan March, Azaña, Eugenio D’Ors, Lerroux, Francisco de Cossío, Alcalá-Zamora… Todos ellos personajes totalmente desconocidos para mi amigo. El libro está escrito con gracia e inteligencia, es una lectura entretenida y describe los hechos de manera concisa y sin maniqueísmos, tal vez por utilizar la mejor herramienta que un contemporáneo puede usar para evitarlos: no profundizar demasiado.
Y es que Madrid, el advenimiento de la República es una crónica política escondida detrás de un diario, destinada a aquellos que leían la prensa y estaban al tanto de los contoneos políticos del momento.
Hoy, sólo los que conocemos la Historia de España podemos disfrutar de este libro de Pla. Es decir, pocos.

«Esta semana de la quema de conventos ha habido en Madrid cuatro corridas de toros en la plaza grande y una o dos corridas de novillos en la plaza de Tetuán. Todo ha ido admirablemente. Mucha gente.
         En esta tierra puede ocurrir cualquier cosa, incluso algo muy grave, el acontecimiento más sensacional, uno de aquellos acontecimientos que en otro país preocupan durante mucho tiempo y en los que, al cabo de poco de producirse, buena parte de la gente toma primero un aire de suficiencia, luego de real o fingida indiferencia, para acabar glosando la última ocurrencia del momento. No creo que exista en el mundo imaginación suficiente para describir las dimensiones que tendría que tener una desgracia o un simple hecho como para llegar a interesarnos de verdad durante un tiempo prolongado.»

Poco después de haber escrito esto, tuvo Pla (como todos los españoles del momento) en la yema de sus dedos una desgracia a la que dedicaron poco menos de tres años de continuado interés.
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