22 de febrero de 2012

MATADERO CINCO (Kurt Vonnegut)


Kurt Vonnegut nació en Indianápolis en 1922, murió en Nueva York en 2007. Luchó en la II G.M.; fue hecho prisionero. Sufrió en primera persona el criminal bombardeo Dresde, siendo uno de los pocos supervivientes de entre los prisioneros de guerra que en ese momento se encontraban allí y de entre los propios habitantes de la ciudad. Aquella noche hubo más de ciento treinta mil muertos. Esta vivencia, es fácil imaginarlo, influyó directamente en su obra.

¿Qué hora es? Manzanas traigo.
De esta manera, tan estudiada como airosa, evade Vonnegut un compromiso contraído consigo mismo: escribir una novela que tratase el bombardeo de Dresde.

«La gente no debe mirar hacia atrás. Ciertamente, yo no volveré a hacerlo. Ahora que he terminado mi libro de guerra, prometo que el próximo que escriba será divertido. Porque éste será un fracaso. Y tiene que serlo a la fuerza, ya que está escrito por una estatua de sal, empieza así:
Oíd: Billy Pilgrim ha volado fuera del tiempo…
Y termina así:
¿Pío-pío-pí?»

Resulta muy refrescante leer a este autor. Su estilo desenfadado y un desparpajo argumental sorprendente son el fundamento de la escritura de Vonnegut.

El relato de la historia comienza en primera persona. El autor es quien narra. Varios lustros después de terminada la guerra, aún sigue teniendo pendiente la novela que se prometió escribir. Cuando el lector está hecho a la historia, cuando acepta que se trata de las vivencias del propio autor, es cuando se transforma en una novela propiamente dicha, en una novela de fantasía y ciencia ficción, con personajes inventados y personas reales. El propio autor vuelve a aparecer al estilo Hichtckok, de pasada. Además hay extraterrestres, con abducciones incluidas y viajes en el tiempo y un escritor de novelas de ciencia ficción. Hay vejez y decrepitud, soledad y abandono, desnudez y pobreza. Y sobre todo está Billy Pilgrim, el protagonista. Único ser capaz de resistir de manera tan estoica aventuras tan insoportables. ¿O tal vez Pilgrim es el reflejo de lo que cualquier ser humano es capaz de resistir en circunstancias tan hostiles?

«Mira, Sam, si este libro es tan corto, confuso y discutible, es porque no hay nada inteligente que decir sobre una matanza. Después de una carnicería sólo queda gente muerta que nada dice ni nada desea; todo queda silencioso para siempre. Solamente los pájaros cantan. ¿Y qué dicen los pájaros? Todo lo que se puede decir sobre una matanza; algo así como ¿Pío-pío-pí?»
Sam es el editor.

La total ausencia de empatía de la mayoría de acomodados humanos, cuando no la ignorancia más severa, llevan a oír y leer comentarios y opiniones de lo más infame sobre determinados hechos históricos. Así pues, intentar plasmar la destrucción más absoluta, producto de la guerra, puede ser una tarea inútil.
Vonnegut hizo bien. ¿Qué hora es? Manzanas traigo.

15 de febrero de 2012

LIBERTAD, de Jonathan Franzen


Esto de la definitiva novela americana cansa como reclamo. Purito mercadeo. Lo digo porque comienza a parecerse a los cacareados partidos del siglo en fútbol: todos los años hay tres o cuatro.
Podríamos enumerar un sinfín de autores, tendencias y títulos que hablan por sí solos de la grandeza de la literatura estadounidense. Sin embargo, según parece, continúan buscando la novela definitiva cuando en el resto del mundo los lectores han encontrado un buen puñado de definitivas obras maestras de la novela americana. ¿O es que eso de la definitiva novela americana sólo se menciona por aquí a la hora de vender?
Esta reseña llega a una distancia prudente de la fecha de publicación de esta nueva novela de Franzen. He leído y oído todo tipo de críticas sobre este libro. Las que más me han llamado la atención son aquellas que hablan de desencanto o frustración. Creo que son el resultado de lo dicho más arriba: toda la parafernalia, toda la potencia de fuego de la manipulación publicitaria modelan un prejuicio favorable que lleva a interesarse (a comprar) el libro. Punto y final. Hasta aquí el trabajo del editor, que ve entre sus manos una buena novela después de haber publicado cien (digamos) normalitas y decide sacar partido, mucho partido, de un producto que sabe que no es malo en absoluto.

En Libertad la estructura formal no parece tener fisuras. Sólo resulta algo extraño que en un par de extensas ocasiones (al principio y al final de la historia) el narrador ceda su puesto a uno de los personajes, más concretamente a la protagonista Patty. ¿Por qué usar el narrador protagonista si con el omnisciente la cosa funciona mejor que bien? Tal vez para hacer ver que esta no es una novela del XIX Franzen ha querido usar una herramienta narrativa más contemporánea.
Las distintas opiniones sobre la historia y su final no son la única discusión enjundiosa que permite este libro. El uso que el autor hace del término libertad pone en solfa las decisiones y las actitudes de sus personajes, dejando en evidencia al lector que tal vez pueda sentirse aludido.

La forma de contar es fluida y de cómoda lectura. Domina a la perfección el aumento de la tensión hasta llegar al climax, así funciona. El lector se mantiene absorto en la historia, a pesar de tratarse, en apariencia, de una trama convencional. Así, por ejemplo, se ve disfrutando de la lectura mientras le cuentan la vida universitaria de una joven estadounidense de clase media, algo que no todos los escritores son capaces de convertir en algo interesante.

«Fue al cuarto de baño y se sentó en la tapa cerrada del inodoro, con el corazón acelerado, hasta que oyó a Richard salir y empezar a manipular tablones. Existe una tristeza peligrosa en los primeros sonidos del trabajo de una persona por la mañana; es como si la quietud experimentara dolor al verse interrumpida.»

Este es el producto de un trabajo meticuloso, una novela plagada de situaciones que engranan a la perfección la personalidad de los protagonistas con el ritmo de la narración.
No pertenezco al grupo de los defraudados, me ha gustado el libro. Libertad es una buena novela con demasiadas páginas.
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