19 de enero de 2012

GAZAL DE TIERNA NIEBLA (José Manuel García Muñoz)

Estando muerto me reescribo. Nadie me rece. Nadie
me llore. Nadie me interpele... Nadie me
interpole… Ceniza soy donde todo me viene del
espíritu… Volvía… Vuela el espíritu y quedan las
palabras: “en mi tumba también puede crearse”… ¡Que
nada importo a nadie ni nada me importa ya!...

El mirlo con su canto grababa negro bordón azul mi
melancolía. Me he llamado nada: Un tal García Muñoz
desconocido y romántico
que bramaba su eterna soledad mitad patético y
enamorado siempre.

Tras la colina el sol: ¡mi muerte de un día a otro día!
y días enjaulándome el alma sin que el alma fuera
tórtola en celo que pasara por mi cielo de ruta hacia
los pinos. ¡Pero aquí me tenéis porque aquí deseé
quedarme!...

Todavía me quedo asomado a la anchura de mi pozo.

(Descanse en paz mi querido amigo)

16 de enero de 2012

Mi nuevo Kindle

Este año me he portado muy bien, he sido bueno. No se explicaría de otra manera el que los Reyes Magos hayan sido tan considerados conmigo.
Entre los regalos que me han traído está mi nuevo lector de libros electrónicos. Todo un descubrimiento. Un mundo ilimitado se abre ante mí, para mi sorpresa. No esperaba encontrar tal cantidad de posibilidades al alcance del lector.
No quisiera insistir en exceso sobre el asunto del préstamo a través de Internet. Poco más tengo que añadir a lo dicho por Carlos Tongoy. Pero es que esto da para mucho por lo sangrante del asunto.

En efecto, una apasionante puerta hacia el futuro de la edición se abre con el libro electrónico. Esto lo ve claro cualquier aficionado a la lectura. Quienes curiosamente no lo ven son las editoriales. ¿Por qué? Muy sencillo: les importa un carajo el libro, el lector y el autor. Del mismo modo que a las productoras de música les importan un carajo los discos, los consumidores de música y los músicos. Si las empresas del sector realmente tuvieran interés en las tres patas de su negocio hubieran puesto fácil solución sobre la marcha, porque la tienen en su mano: ser competitivos. Pero resulta que no les hace falta. Ganan un pastizal indecoroso a costa de un producto supuestamente cultural. El intercambio de libros o música por Internet no influye en los beneficios de las industrias discográfica y editorial (sobre esto ya poco se puede discutir después ver año tras año cómo aumentan sus beneficios), simplemente impide que ganen diez, veinte o cien veces más al no tener su control.
La diferencia entre el coste de producción de un libro y su precio para el consumidor final es abismal. Encima el libro sólo tributa con un tipo superreducido del 4% de IVA (Impuesto sobre el Valor Añadido) por ser un bien cultural y que los derechos de autor son un 7% (aprox.) sobre el precio de venta.

Matilde Asensi no dejará de escribir novelas porque ha optado por ser competitiva. De verdad quiere ser leída y por ello vende sus libros electrónicos en Amazon a 3,79€. Santiago Posteguillo seguirá escribiendo sin titubeos porque vende sus libros a 5,22€. Un aficionado a la lectura que posea un lector de libros e., no escatimará en comprar un libro con esos precios. Una auténtica desgracia para mí que, en principio, no me interesen las novelas de estos autores. Pero como saben ustedes estos dos, de forma individual, venden más que otros diez escritores (que tienen en su cabeza) juntos.
No es verdad que el consumidor quiera gratis cualquier producto. Falacia absoluta. El consumidor, por definición está dispuesto a un desembolso económico a cambio de un bien o servicio. Eso sí, ese desembolso debe ser proporcional a la satisfacción que con él obtenga. Y el consumidor es el soberano absoluto del precio que está dispuesto a pagar por esa satisfacción. A eso se llama mercado que, no nos engañemos con progresías baratas, está formado principalmente por el currito de clase media.
Insisto en algo que ya mencioné en mi anterior entrada: artículo 9 de la Ley 10/2007, de 22 de junio, de la lectura, del libro y de las bibliotecas. Una ley más propia de Corea del Norte que de un país avanzado y democrático. Establece la intervención del precio del libro, lo que es una postura abusiva e inicua. Si al menos se encargara de poner un tope a dicho precio seguiría siendo igual de intervencionista pero al menos daría claras muestras de querer defender al consumidor último, a ese que es el destinatario de la cultura.
Un dato explica con claridad lo que quiero decir: como bien apunta Carlos González Péon, la novela premiada con el último Premio Pulitzer cuesta en formato electrónico 6,33$ (menos de 5,00€). En España el precio del último Premio Planeta (¡no comparo la importancia de los premios, sólo situaciones similares!) en formato electrónico es 14,99€, tres veces más sin garantizar el triple de calidad.

10 de enero de 2012

CABALLO EN EL SALITRAL (Antonio di Benedetto)

Los buenos libros de cuentos me empiezan a parecer insuperables como modo de entretenimiento y como disfrute de la buena literatura. Los cuentos bien escritos están exentos de caídas en la tensión narrativa, de subidas excesivas, de descripciones tediosas… y sobre todo de páginas. Están exentos de la sobreabundancia de palabras. Leer una serie de cuentos publicados por un señor que sabe escribir es algo insuperable. Este es el caso.

Caballo en el salitral.
Comprado en Iberlibro.
Editorial Bruguera, colección Libro amigo.
Diez euros, gastos de envío incluidos.
Inductor: Hipólito G. Navarro (mejor escritor vivo de cuentos en español), con quien tuve el placer de mantener una breve correspondencia, en la que mencionó su reciente lectura de este libro. Toda una provocación. No dudé un instante y me puse a buscarlo.

Caballo en el salitral no tiene prólogo. Como preámbulo a los cuentos se insertan tres cartas dirigidas al autor con motivo de la publicación del cuento titulado Aballay, incluido en esta recopilación. La primera carta es de Borges. La segunda, de Julio Cortázar y la tercera de Múgica Laínez. Esta introducción es suficiente para comprar el libro. Leer estas cartas es toda una experiencia. Es la correspondencia atenta y educada entre conocidos, más o menos amigos, todos ellos Historia de la Literatura en español.

El libro lo componen 14 cuentos.

No, el primer cuento, es magistral. No recuerdo otra ocasión en la que un título forme parte tan fundamental de la estructura del propio relato. Este cuento es una historia de amor que comienza así:
«Más puntuales los sueños que los recuerdos, me visitaron para decirme que, por tercera vez, se cerraba el ciclo de los años de su ausencia.»
El cuento que da título al libro es el siguiente. Caballo en el salitral. Un cuento abrumador que deja en el lector una extraña percepción de la muerte. El autor consigue descifrarla como algo natural y nada excepcional transmitiendo la secuela de una sensación liviana y reposada ante el desenlace irremediable.
Aballay es el tercer cuento. Una auténtica genialidad. Un vagabundo quiere hacer penitencia imitando al estilista Simón.
En Felino de Indias, el autor resuelve la historia con un cruce de miradas. El juicio de Dios trae al lector el leimotiv de la escritura de Di Benedetto: el absurdo de la existencia. En Pez, hace ver el delicado equilibrio que soporta la más tierna fidelidad…

El lector se encuentra con un lenguaje familiar, conocido; el lenguaje que aún se puede oír en muchos pueblos andaluces. Un lenguaje inalcanzable pero completamente inteligible. Frases y expresiones inverosímiles, de una belleza y una precisión matemáticas.
«En una trocha tropieza con cuatro indios mansos. Desprendidamente le ofertan pescado que a poco hiede. Está crudo, lo transportan en canastas de totora expuestas al sol, a campo traviesa, para feriar en poblado. Aballay no acepta, pero retribuye la intención: de sus alforjas les provee dos puñados de sal.»

Así, di Benedetto se me desvela también como un excelente cuentista.
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