25 de julio de 2012

EL BESO DE LA MUJER ARAÑA (Manuel Puig)


Manuel Puig nació el 28 de diciembre de 1932 en General Villegas, un pequeño pueblo de la provincia de Buenos Aires. Un páramo, cultural y geográfico en el que desde muy pequeño se sintió atrapado contra su voluntad. Su único escape fue el cine, hasta el punto de que equivocadamente, como él mismo dijo, creyó que era su vocación. Tras abandonar sus estudios de cinematografía en Roma, trabajó tras las cámaras en varias películas hasta que por fin encontró en la escritura una verdadera motivación.
Murió en 1990 en Cuernavaca, Méjico, donde vivía con su madre.

El beso de la mujer araña es un conjunto de varios asuntos:
Por un lado una excelente tesis sobre la homosexualidad, camuflada a modo de notas a pie de página. Un compendio de diversos estudios realizados por prestigiosos autores que van desde Freud a Dennis Altman, pasando por Marcuse.
A continuación una estructura narrativa basada casi exclusivamente en el diálogo de los dos protagonistas presos en la misma celda, Luis Alberto Molina, homosexual acusado de corrupción de menores y Vicente Arregui, activista político en prisión preventiva.
Por otro lado las historias, externas a la propia trama, que Molina le cuenta a su compañero de celda cuando anochece.
Y por último la expresión de los pensamientos que casi de improviso y aparentemente de manera innecesaria, aparecen intercalados en la narración bien entrada la novela. Ya al final, el lector se da cuenta de lo imprescindible de tal recurso para el perfecto ensamblaje de toda la estructura.

Con El beso de la mujer araña, Manuel Puig denuncia la brutalidad y la impostura social, aceptadas de forma atávica. Denuncia la opresión e imposición de las ideas y pensamientos por la fuerza. Denuncia, una vez más, la soledad de las personas en medio de la vorágine. Y lo hace con una altura artística impresionante y con una capacidad de conmover arrolladora.

«—¿A tu compañera tampoco?
—Menos que menos, ella está a cargo del grupo. Ni con ella ni con nadie, me puedo comunicar. Y como tu bolero, “porque la vida no nos unirá nunca”, al pobre muchacho ya nunca más le voy a poder escribir una carta, ni decirle una palabra.
—Es “…aunque la vida no nos una nunca…”
—Nunca. Qué palabra tan terrible, hasta ahora no me había dado cuenta… de lo terrible que es… esa… pa… palabra… Perdoname.
—No, desahogate, desahogate todo lo que puedas, llorá hasta que no puedas más, Valentín.»

Finalizado el libro, llama la atención la importancia de las historias que narra Molina, películas contadas de forma troceada e informal que increíblemente ayudan al lector a comprender el acercamiento de ambos protagonistas. No parece lógico que algo ajeno a lo sustancial sirva de soporte tan fiable al resultado de la novela. Pero es que Puig utiliza con los protagonistas un lenguaje cercano y común que embauca al lector y lo hace cómplice involuntario de los sentimientos de ambos.
 
Ya estoy buscando hueco para leer otra novela de este autor.

3 comentarios:

  1. Este libro me lo leí a los 17 años y todavía recuerdo pasajes y el impacto que me causó... se impondría re-lectura. Gracias por recordármelo. ¡Un saludo!

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  2. Hola:

    Puig es uno de los hispanoamericanos que tengo pendientes. De él sólo he leído La traición de Rita Hayworth, que es su primera novela, y que en su momento me decepcionó, pero sé que tengo que volver con él, porque presiento que lo más maduro me va a gustar más.

    saludos

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  3. yo también la leí de adolescente y no la he olvidado...

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