15 de febrero de 2012

LIBERTAD, de Jonathan Franzen


Esto de la definitiva novela americana cansa como reclamo. Purito mercadeo. Lo digo porque comienza a parecerse a los cacareados partidos del siglo en fútbol: todos los años hay tres o cuatro.
Podríamos enumerar un sinfín de autores, tendencias y títulos que hablan por sí solos de la grandeza de la literatura estadounidense. Sin embargo, según parece, continúan buscando la novela definitiva cuando en el resto del mundo los lectores han encontrado un buen puñado de definitivas obras maestras de la novela americana. ¿O es que eso de la definitiva novela americana sólo se menciona por aquí a la hora de vender?
Esta reseña llega a una distancia prudente de la fecha de publicación de esta nueva novela de Franzen. He leído y oído todo tipo de críticas sobre este libro. Las que más me han llamado la atención son aquellas que hablan de desencanto o frustración. Creo que son el resultado de lo dicho más arriba: toda la parafernalia, toda la potencia de fuego de la manipulación publicitaria modelan un prejuicio favorable que lleva a interesarse (a comprar) el libro. Punto y final. Hasta aquí el trabajo del editor, que ve entre sus manos una buena novela después de haber publicado cien (digamos) normalitas y decide sacar partido, mucho partido, de un producto que sabe que no es malo en absoluto.

En Libertad la estructura formal no parece tener fisuras. Sólo resulta algo extraño que en un par de extensas ocasiones (al principio y al final de la historia) el narrador ceda su puesto a uno de los personajes, más concretamente a la protagonista Patty. ¿Por qué usar el narrador protagonista si con el omnisciente la cosa funciona mejor que bien? Tal vez para hacer ver que esta no es una novela del XIX Franzen ha querido usar una herramienta narrativa más contemporánea.
Las distintas opiniones sobre la historia y su final no son la única discusión enjundiosa que permite este libro. El uso que el autor hace del término libertad pone en solfa las decisiones y las actitudes de sus personajes, dejando en evidencia al lector que tal vez pueda sentirse aludido.

La forma de contar es fluida y de cómoda lectura. Domina a la perfección el aumento de la tensión hasta llegar al climax, así funciona. El lector se mantiene absorto en la historia, a pesar de tratarse, en apariencia, de una trama convencional. Así, por ejemplo, se ve disfrutando de la lectura mientras le cuentan la vida universitaria de una joven estadounidense de clase media, algo que no todos los escritores son capaces de convertir en algo interesante.

«Fue al cuarto de baño y se sentó en la tapa cerrada del inodoro, con el corazón acelerado, hasta que oyó a Richard salir y empezar a manipular tablones. Existe una tristeza peligrosa en los primeros sonidos del trabajo de una persona por la mañana; es como si la quietud experimentara dolor al verse interrumpida.»

Este es el producto de un trabajo meticuloso, una novela plagada de situaciones que engranan a la perfección la personalidad de los protagonistas con el ritmo de la narración.
No pertenezco al grupo de los defraudados, me ha gustado el libro. Libertad es una buena novela con demasiadas páginas.

6 comentarios:

  1. Hola, Arrecogiendo, una entrada muy mesurada. Quería preguntarte qué quieres decir o cómo interpretas el concepto de libertad que expone Franzen en su novela. No he entendido muy bien la idea y me interesa tu opinión. Por lo demás, de acuerdo en la apreciación global de la novela
    Saludos

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  2. Gracias, una vez más, por pasarte por aquí, Ehrengard. Y gracias por el comedido calificativo que usas para mi entrada. Sinceramente, no tenía muchas ganas de reseñar esta novela y creo que se nota. Tal vez sea porque no me ha dejado una huella lo suficientemente profunda o tal vez porque su lectura no me ha resultado desagradable. Reconoce que en estos casos los sentimientos extremos prenden el fulminante y uno se dispara a escribir como un loco.
    Contesto tu pregunta. Libertad como título de una novela de más de seiscientas páginas hace sentir por anticipado muchas sensaciones, imaginar muchos escenarios, esperar muchos acontecimientos en la historia. Pero Franzen usa una palabra tan espectacular para hacer referencia a algo tan simple como la elección que hacemos en cada momento de nuestra existencia, unos intrascendentes, otros prácticamente vitales. El libre albedrío. En esta novela Franzen habla del mal uso que hacemos de la capacidad de elegir nuestro propio destino, de cómo desperdiciamos multitud de oportunidades; habla de cómo somos los únicos responsables del lugar que ocupamos entre los demás.

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  3. Hola arreco:

    Interesante comentario; me ha sonado a esa impresión que nos deja la película que todo el mundo dice que es genial, y vas al cine con unas expectativas enormes y luego dices pues no es para tanto...

    Hipótesis: yo creo que si este libro estuviese escrito hace 50 años, por un autor olvidado y lo traducen ahora en una editorial artesanal, y lo leemos 4, a estos 4 nos hubiera encantado el descubrimiento personal.
    Sociología: a mí también me daba reparo comprar y leer este libro, es sociología pero sociologia inversa: no quiero leer y que me guste lo que todo el mundo lee y le gusta, no quiero ser masa; y tratas de ver los fallos del texto para no ser masa... Yo la verdad es que estuve tentado, pero no pude: la novela me enganchó mucho. Y lo del final feliz ya vi que era para no repetir todo de lo escrito ya en Las correcciones.

    saludos

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  4. No quería decir que tu entrada fuera "desganada" o algo así, sino que efectivamente parece que no te ha impactado en exceso la novela. A mí tampoco ciertamente.
    Respecto a la idea de libertad de la novela estoy de acuerdo contigo , pero, ¿No crees que hay cierto mensaje moral en esa idea? ¿Cierta idea de que las cosas son como deben ser y no hay que empeñarse en cambiarlas? En algunos momentos tuve esa impresión de "conservadurismo" moral. Desde luego el título me pareció un poco irónico, porque en ningún momento se profundiza en la idea de libertad, creo.
    Saludos

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  5. Hola David. Recuerdo tu reseña de Libertad, cuando contabas que en un Fnac viste una grandiosa pila formada por ejemplares de esta novela, al estilo superventas, y del reparo que te daba coger uno. Probablemente cuando cogiste tu libro la sensación que sentiste fue la inmediatamente anterior a la del hurto. Efectivamente ese sentimiento exclusivista que mencionas lo tenemos muchos. Te aseguro que no hubiera leído esta novela si no fuera por un grupo de lectura al que voy una o dos veces al trimestre.

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  6. Ehrengard, creo que esa acepción de libertad que usa Franzen en su novela no es lo conservador del mensaje. Tal vez lo conservador sea el encorsetamiento moral de los personajes, quienes, aún teniendo una formación abierta y sin ataduras intelectuales, se parapetan tras unos estereotipos que no funcionan en sus vidas pero a los que se aferran con ansia suicida, dando así lugar a los momentos más interesantes de la novela: sus contradicciones que suelen desembocan en agrios conflictos entre todos ellos: fidelidad, ecologismo, amistad, amor, drogas, triunfo, trabajo y negocios… Todos estos aspectos, tan cotidianos en nuestras vidas (si no todos, la mayoría de ellos) acaban descubriendo unas carencias en la moralidad de los personajes que no dejan de ser muy humanas y que son producto de la acumulación de errores a lo largo de una vida con algunas malas decisiones. Me parece muy verosímil. No creo que sea conservadurismo, creo que Franzen plasma con claridad el miedo, la comodidad de lo conocido, de lo cotidiano. Ya sabes, eso de: más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer. Sólo cuando el desgaste provoca la explosión, se da el paso definitivo, nunca antes.
    Lo que suele despertar más resquemor por parecer más moralina es el final feliz. Yo simplemente lo achaco a que uno empieza siendo pirómano y termina por ser bombero. Los cincuenta tacos del autor pesan, como debe pesar su estabilidad emocional en el momento de poner el punto final, aunque no conozco la vida de este señor.

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