21 de septiembre de 2011

HOMO FABER (Max Frisch)


Max Frisch nació en Zurich, el 15 de mayo de 1911. Murió en 1991 en su ciudad natal. Además de tener en su haber importantes novelas, fue un considerado dramaturgo. Escribía en alemán.

Narrada en primera persona, la novela se divide en dos etapas. La primera, que abarca tres cuartos de la extensión total, puede considerarse que cuenta la historia propiamente dicha. La segunda, relata las reflexiones del protagonista como desenlace final, lo que consigue inyectar un efectista y medido dramatismo.

A pesar de constar tan solo de dos partes, la estructura del libro está muy estudiada, muy trabajada. Aparecen esporádicamente pequeños detalles, despreciables a primera lectura, que se transforman en importantes giros dentro del argumento. La novela se narra dentro de continuas idas y venidas en el tiempo, sin que el lector se sienta perdido en ningún momento.

Frisch narra de manera seca, tal vez algo fría, pero muy eficaz, muy acorde con el carácter de Walter Faber, al que pone voz. Aún así consigue una variación del tono narrativo a medida que avanza la lectura y las circunstancias personales del protagonista van cambiando. El tono cambia con la evolución del personaje. Lo borda.

 «Todo el mundo se pasea, todo el mundo ríe.
Parece un sueño:
Policías blancos fumando puro; soldados de la marina fumando puro: muchachos con las caderas embutidas en estrechos pantalones
CASTILLO DEL MORO (Felipe II).
Me hago limpiar los zapatos.
Decido vivir de otra manera.
Me siento feliz.
Compro puros: dos cajas.
Puesta de sol.
Chiquillos desnudos en el mar; su piel, el sol brillando sobre su piel mojada, el calor; me siento y fumo un cigarro; nubes de tormenta sobre la ciudad blanca: de color negro violáceo; al mismo tiempo, últimos resplandores del sol en las casas altas.»

Es Homo Faber una gran novela, sin duda. Aún así he leído por ahí que la mejor de su autoría es No soy Stiller. Habrá que leerla.

12 de septiembre de 2011

DOCTOR GLASS, de Hjalmar Soderberg


Hjalmar Soderberg, autor sueco nacido en Estocolmo el año 1869. Murió en Copenague el 14 de octubre de 1941.
A pesar de ser uno de los escritores escandinavos más populares y leídos, yo no sabía de su existencia. La falta está reparada.

De igual modo que en reseñas anteriores he hablado sobre la falta de profundidad intelectual que muestran los contenidos y desarrollos de algunas novelas, esta es una ocasión para apuntar todo lo contrario. Cómo funciona el engranaje, perfectamente coordinado y engrasado, cuando quien escribe se apoya sobre una sólida Cultura y unos conocimientos ajenos a cualquier tipo de complejo o sumisión ideológicos.
Narrado a modo de diario, Soderberg consigue que el lector, a medida que avanza en la lectura de sus entradas, vaya conociendo a la perfección el modo de vida, el carácter y las ideas del protagonista.

«No me divierte ni el frecuentar conocidos ni las villas en el archipiélago. El archipiélago menos que nada. Un paisaje de picadillo, hecho de trocitos menudos. Islitas, canalitos, montañitas y arbolitos raquíticos. Paisaje pálido y depauperado, de colores fríos, sobre todo grises y azules, pero no lo bastante pobre para mostrar la grandeza de la devastación. Cuando oigo a alguien que alaba la hermosura natural del archipiélago, siempre sospecho que piensa en otra cosa, y la más superficial indagación confirma casi siempre la sospecha. Uno piensa en aire fresco y baños agradables, otro en su yate, un tercero en pescar con caña, y meten todo eso en el saco de la hermosura de la naturaleza. El otro día hablé con una joven que estaba entusiasmada con el archipiélago, pero el curso de la conversación reveló que pensaba en las puestas de sol y posiblemente también en un estudiante. Olvidaba que el sol se pone en todas partes y que los estudiantes se desplazan.»

Un asunto profesional, como muchos otros que ha atendido con anterioridad el doctor Glass, se convierte en el punto central desde el que se traza el círculo perfecto de la trama y su historia. Una leve desviación sobre la manera habitual en que el protagonista interpreta este tipo de consultas, la convierte en detonante de una serie de planteamientos éticos que acompañan los pensamientos del doctor y el desarrollo de la novela.
Y es que el ser humano es capaz de justificarse por cualquier acto negativo que haya llevado o vaya a llevar a término. Lo más interesante y curioso del caso es que no importa la gravedad del hecho, la justificación requiere el mismo esfuerzo para el pueril suspenso del estudiante, para la insignificante tardanza del impuntual o para el asesinato de millones de personas. El comandante de Auschwitz Birkenau escribió en sus breves memorias que sólo se arrepentía de haber dedicado poco tiempo a su familia.
Es falso que la mala conciencia no deje dormir. La mala conciencia se deshace en el cerebro humano como la miga de pan en el río, y acaba por ser, tan solo, un concepto abstracto en la mente de las buenas personas. El más grande mentiroso, el mayor criminal, duermen como bebés. La conciencia tranquila no garantiza el sueño reparador.

«De la orquesta surgía, precisamente entonces, el enigmático leitmotiv: “No debes preguntar”. Y me parecía que en aquella mística sucesión de sonidos y en aquellas tres palabras descifraba la súbita revelación de una muy antigua y oculta sabiduría. “No debes preguntar”. La suma de verdad que te es útil se te da de balde; viene mezclada con error y mentira, pero es por tu bien, ya que en estado puro te quemaría las entrañas. No intentes purgarte el alma de mentiras, porque con ellas se irán muchas otras cosas en las que no has pensado, y quedarás vacío de ti mismo y de todo lo que es valioso para ti. “No debes preguntar”.»

El final de la novela es de una elegancia majestuosa. La inteligencia convertida en maestría narrativa.

5 de septiembre de 2011

VIDAS ELEVADAS, de Miguel Baquero


Miguel Baquero es un bloguero de éxito. Soy uno de sus lectores habituales, me gusta cómo enfoca los temas que trata y su sentido del humor. Me cae bien, por eso decidí apoyar su trabajo comprando su última novela.

Si se paran a pensar y hacen la cuenta, verán la cantidad de gente “importante” que se cruza diariamente en su camino. En lo que a mí respecta, me puedo encontrar a estas personas en multitud de lugares: en el ascensor del trabajo, cuando paro a repostar en una gasolinera, visitando un museo, cenando en un restaurante… En casi todas partes encuentro gente con cara de eso, de ser muy “importante”. Rostros preocupados que imitan una severa concentración, que pretenden parecer serios.

Miguel Baquero retrata tres tipos de personaje “importante”, adheridos los tres al mundo literario que, al ser cada vez más mundillo, permite la incubación de parásitos cuya incapacidad aumenta en el tiempo exponencialmente, con independencia de su “importancia”.

En Vidas elevadas se alternan momentos hilarantes con situaciones que provocan vergüenza ajena, hastío, pena o ternura.

«Víctor de Pingarrón, el famoso poeta, irrumpió en el panorama de la poesía allá por 1999, coincidiendo con el temido efecto 2000 que aquel año tenía alarmada a la población del globo. Una alarma que él, Pingarrón, en buena medida, contribuyó a incrementar con su primer poemario: “Ojo conmigo”, un libro que causó mucho pasmo y mucho sobrecogimiento entre los lectores de poesía que, por desgracia o por suerte, en España son pocos.»

A pesar de las altas cotas artísticas que supuestamente emanan de cada uno de sus actos, esta gente no hace otra cosa que gastar la mayor parte de sus energías en esquivar todo lo mundano que les rodea, sin darse cuenta que ello no es más que el reflejo de la mediocridad en que se desenvuelven. Hasta tal punto alcanza su inutilidad que poco menos consiguen hacer de la poesía recitada algo proscrito en el pueblo de Mazabuches.

De la importancia de los personajes de la cultura, Baquero pasa a los potentados magos de la industria cultural. Aquellos que dictan los dogmas y propagan el conocimiento y el saber por todos los lugares de la geografía… Eso sí, con suculentas subvenciones de los distintos estamentos públicos. (¡Gran mundo, insondable, este de las subvenciones a los eventos culturales!) A estos señores siguen las personas “importantes”, que tildan de imbécil a quien tenga criterio propio sin ser conscientes de la imagen que dan de sí mismos.

«Asomado a la barandilla de la casa consistorial, el alcalde contempla toda aquella actividad artística con cierta perplejidad. Él siempre había admirado el hecho cultural y se había rendido sin paliativo alguno a las grandes obras de los grandes artistas. A consecuencia de ello miraba con enorme respeto a quienes se dedicaban al arte, sobre todo a quienes, como Lucio Valverde, conseguían triunfar en él; estaba absolutamente convencido de que eran hombres de un nivel superior, gente que se movía en la excelencia indiscutible y cercana al milagro. Del mismo modo respetaba a los críticos artísticos de peso, esto es, a los críticos célebres, a los que escribían en medios importantes: era sin duda, gente erudita, preparada, capaz; tipos que se habían estado preparando toda la vida para participar en ese gran, eterno y maravilloso prodigio que es la creación artística

Vidas elevadas da la impresión de estar narrado en un lenguaje antiguo, muy de principios del siglo XX, tal vez como descarado homenaje a Cansinos Assens.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...