8 de marzo de 2011

ZAMA, de Antonio di Benedetto


Antonio di Benedetto nació el año 1922 en Mendoza, Argentina. Murió en Buenos Aires el diez de octubre de 1986. Su vida profesional transcurre dedicada al periodismo, llegando a ser responsable de algunas publicaciones importantes de su país. En época del dictador Videla fue detenido y torturado. Durante varios años vivió exiliado en España.

No sabía de este autor hasta que leí una excelente reseña de David Pérez Vega.
Como un adolescente que descubre el lenguaje de Quevedo o el tono de Cervantes, así se disfruta de la escritura de Antonio di Benedetto. Sobre todo impresiona el uso inesperado de algunos verbos, que sorprende al lector con expresiones que parecen no haberse escrito nunca antes; es la herramienta maestra que permite que la novela funcione como una máquina precisa aunque sin perder el regusto artesanal.
La historia se inicia con la apariencia de una narración en primera persona. Finales del siglo XVIII, un corregidor cuyo trabajo le ha confinado en una pequeña ciudad, apartada de la capital, cuenta su vida mientras espera la llegada de su sueldo y de un nuevo destino más cómodo y cercano a su familia.
De una trama más o menos lineal en la primera parte, el autor nos introduce en un extraño ambiente, mezcla a partes iguales de novela picaresca del siglo XVI y de novela kafkiana del siglo XX. Al final del libro, la traición, el dolor, la tortura y el absurdo de la existencia, toman forma como desenlace de la historia.
«Me pregunté, no por qué vivía, sino por qué había vivido. Supuse que por la espera y quise saber si aún esperaba algo. Me pareció que sí.
Siempre se espera más.
Sin embargo, esto lo discernía mi entendimiento; pero, con prescindencia de él, estaba entregado a una bruta inercia, como si mi cuota estuviese por agotarse, como si el mundo fuera a quedar despoblado porque yo no iba a estar más en él.
»

La lectura de Zama me ha hecho sentir culpable. Culpable de no haber leído durante años literatura hispanoamericana de la segunda mitad del siglo XX. Ni Vargas Llosa me salva de la falta, pues aún me quedan novelas como La guerra del fin del mundo o Conversación en la catedral.
Di Bendetto me trajo a la memoria el español culto de América, entre cantarín y espectacular, siempre preciso, siempre perfecto. Me trajo a la memoria la profunda impresión que me produjo Cien años de soledad y el pecado de una relectura pendiente. Me sobrevino la culpa por Casa de campo, de José Donoso, pendiente de leer desde hace años. Recordé el sabor acre del sudor en la húmeda selva de La casa verde y la culpa de no haber leído aún a Manuel Puig…
Imperdonable.

El libro tiene dedicatoria; incluso viene especificada la página en el índice. «A las víctimas de la espera.»

5 de marzo de 2011

Segundo aniversario


Este blog cumple dos años. Alguna persona muy cercana a mí tiene menos edad.
Los asuntos triviales que nos atañen están ahí para hacernos apreciar lo verdaderamente importante. Sólo es necesario darse cuenta de ello.
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