17 de diciembre de 2011

TENGO UNA PISTOLA, de Enrique Rubio


Hace unas semanas recibí un correo electrónico de un señor que me ofrecía una novela. No quiero promoción, se publicó hace dos años. Tengo varios ejemplares y quiero repartirlos con criterio. Me ha recomendado tu blog Carlos González de La medicina de Tongoy. Acepté el amable ofrecimiento a la vez que remitía un nuevo correo electrónico a Carlos, agradeciendo su mención y esperando seguir agradecido al terminar la lectura de Tengo una pistola.

Enrique Rubio publicó esta novela con veinticinco años. Hoy día, tal como está la cosa, tener en las manos una novela escrita por un joven de esta edad despierta diferentes sentimientos: esperanza, ternura, admiración… Mezclados producen una extraña sensación que conduce a la condescendencia. Pero con veinticinco años ya se es un adulto. A pesar de que consagrados escritores maduritos escriban tan mal, conviene recordar que Thomas Mann escribió Los Budenbrok con veintiséis años, por ejemplo.

El libro comienza con un prólogo de Lorenzo Silva. Se titula “Una novela 2.0”. Detesto los prólogos porque muchos de ellos están escritos sin el menor respeto por el lector, destripando la historia sin compasión. He leído pocos, pero me niego en redondo a leer uno con ese título. No sé que cuenta.

Debo decir que la novela está escrita con desparpajo, narrada con ritmo ágil y con un lenguaje sencillo e ingenioso. Abundan las reflexiones ocurrentes que dejan ver un asomo de inteligencia esperanzador, ya digo. Me he divertido por momentos y no me ha costado demasiado trabajo llegar hasta el final. Incluso tiene momentos muy buenos. Destaco, sin ninguna duda cuando el protagonista, un hikikomori sui generis, se ve obligado a salir de casa para comprar comida. El pasaje del supermercado es excelente.

La juventud es algo que se cura con los años, es cierto. La vehemencia y el cúmulo de ideas pugnando por salir pueden producir un torrente de información que, aunque esté bien traída, podría dar por sí sola para una historia aparte.

Entiendo que la novela se extiende demasiado. No es necesario escribir quinientas páginas. Mi opinión personal es que la novela contemporánea no debe pasar de doscientas páginas. Borges decía que La invención de Morel, de su amigo Bioy Casares, tenía la extensión que debía tener toda novela. Así, llegado al último tercio de la historia, el lector termina por percibir cierta reiteración e insistencia en las fobias y manías del protagonista y las maneras de exteriorizar su miedo. Por otro lado, semen y caca, si se repiten demasiado en la narración terminan por producir hastío e indiferencia.
Cuando no se aporta nada nuevo, el lector puede sentir que pierde el tiempo, y se enfada. Este detalle es muy sutil pero no hay que enfadar al lector.

La novela de Rubio termina cerrando el círculo que abre, volviendo al comienzo con pequeñas variaciones que en absoluto cambian lo sustancial del punto de partida.

Ha sido interesante. Esperemos la segunda novela de este autor. Aunque opino que sólo se escriben novelas sólidas a partir de los treinta y cinco, grandes novelas a partir de los cincuenta y obras maestras a partir de los sesenta.
No puedo reprochar nada a Carlos González por su recomendación.

«No le cuento que un videojuego no envejece. Los gráficos son siempre iguales, no destiñen ni se desconchan. Las voces nunca se ponen afónicas. Los personajes no cumplen años, no se estropean. O funciona o no funciona, pero no se degrada. Como los sueños tampoco envejecen. O sueñas o no sueñas.»

8 comentarios:

  1. Buenísima reseña, y estoy de acuerdo en casi todo. Enrique también se puso en contacto conmigo a través de Tongoy, exactamente como contigo y me puso ese mail y me envió el libro…
    Pero a mí no me está gustando. Coincido en esto:

    ¨el lector termina por percibir cierta reiteración e insistencia en las fobias y manías del protagonista y las maneras de exteriorizar su miedo. Por otro lado, semen y caca, si se repiten demasiado en la narración terminan por producir hastío e indiferencia.¨

    ES lo que me está pasando a mí, además de cierto aburrimiento sobre la trama. Me gustan mucho los diálogos con el psicólogo, pero me conozco y creo que acabaré abandonando la novela sin piedad, sin demasiado remordimiento, me cansa.

    He llegado aquí desde la entrada en que Tongoy anuncia su adiós, y me ha llamado mucho la atención esto:

    ¨Efectivamente si uno no se controla acaba siendo condicionado en sus lecturas por las apetencias del propio blog. A mí empieza a ocurrirme. ¿Qué voy a leer Libertad, de Franzaen y no he leído Guerra y Paz porque me da pereza tanta página? ¿Que he pospuesto la lectura de No es país para viejos, de MacCarthy por reseñar Tengo una pistola, de Enrique Rubio...? No me lo hubiera creído hace unos meses. Como bien dices, en principio no tiene por qué ser malo, pero no es lo que uno quiere elegir.

    Leer diez libros al mes no lleva a ningún sitio, sólo a tener varias decenas de comentarios por entrada (la susodicha vanidad). Son muchos los buenos blogs que, como el tuyo, han contagiado a su autor hasta convertirlo en una máquina de hacer reseñas y han desaparecido infectados hasta el tuétano. Dos o tres reseñas al mes atraen sólo tres, cuatro o ningún comentario por entrada pero permite respirar profundo y sin ahogos (aunque el ego protesta, no creas).¨

    No puedo estar más de acuerdo con eso, a mí son muy pocos los libros que me han enviado desde editoriales, apenas diez o doce, no como a Tongoy que imagino deben de ser muchísimos viendo el volumen de comentarios y de visitas, pero aun así me sorprendo colando siempre los libros de editoriales y dejando de leer los que yo me compro; hay libros que llevan uno o dos años esperando…de los comentarios ni hablo…por no dar demasiada lastima.

    Y veo que te gusta McCarthy, yo me declaro absoluto fan. He leído la trilogía de la frontera y es excepcional, intente leer Meridiano de sangre sin éxito, puesto que fue lo primero que leí de McCarthy y me estrelle totalmente, espera una segunda lectura.

    En fin perdona por el rollo, saludos y buenas lecturas

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  2. La segunda novela ya existe. Con ella fue que lo conocí. Algo dije en su momento: http://lamedicinadetongoy.blogspot.com/2011/10/tania-con-i-56-edicion-de-enrique-rubio.html

    Esta todavía no la he leído.

    Un saludo,

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  3. Gracias por tu comentario, Aramys. Es alentador sentir que quien te lee está de acuerdo con lo que dices.

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  4. Carlos, efectivamente ya se publicó la segunda novela de Enrique Rubio. Fue colgar esta entrada y verla reseñada en el blog Con L mayúscula. Creía que estaba a punto de salir pero no sabíaqueya estabaen la calle.
    El resto que tengo que decir telo dejo comentado entu reseña,que por loque veo se asemeja bastante, en el fondo,a lo que pretendo decir en esta.
    Gracias por pasar por aquí.

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  5. ¡Yo también he recibido el mismo correo y estoy ahora mismo leyéndola! Estoy un poco perdido en la parte escatológica (sobre la 100 o así), imagino que pasará pronto, pero es verdad que tiene muy buenas maneras y el personaje resulta entrañable a la manera de Ignatius O´, Reilly: un bicho raro con el que acabas empatizando, no sabes por qué.

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  6. Totalmente de acuerdo con el tema de los prólogos: los pocos que he leído me han faltado al respeto como lectora de una manera escandalosa. Ahora, lo de la longitud de los libros... creo que cada libro es un mundo, así que no pongo un límite.
    Una idea estupenda, ésta del préstamo de libros entre bloggers...
    ¡Saludos!

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  7. Comparto tus impresiones sobre los prólogos, casi un género literario al que muchas veces conviene escapar, sobre todo si se cargan media novela con el final incluido y son largos (y según quien los escriba, a veces la huida debe ser por pies y sin mirar atrás).

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  8. Lo leí hace años, me llamó la atención en la librería y se vino conmigo a casa. A mí sí me gustó mucho, me pareció original la historia.

    Un saludo.

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