2 de diciembre de 2011

SUITES IMPERIALES, de Bret Easton Ellis


Una persona muy querida para mí cuenta que cuando era pequeña con la merienda le daban té con leche, a pesar de que a ella no le gustaba. Una tía suya siempre le repetía lo mismo: “Niña, bebe té, que beber té es muy elegante.”
Permítanme que les diga algo parecido. Lean a Bret Easton Ellis. Leer a Bret Easton Ellis es muy elegante. Hagan ostentación de ello. Paseen por la calle con un libro suyo a la vista. No vayan a hacer como un conocido mío, que apareció en la Plaza del Salvador, donde quedamos para tomar unas cervezas, con un voluminoso ejemplar de Sexus, de Henry Miller. No confundamos pretensión con elegancia.

Ellis es sinónimo de elegancia porque es un señor inteligente que pone su inteligencia al servicio de la literatura. Nos ofrece su talento, lo que es todo un honor para el lector, convirtiendo la infame clavada que supone el precio de los libros en España en algo leve, llevadero.

Suites imperiales vuelve al ambiente de la alta sociedad contemporánea, esa que corta el bacalao, la que decide lo que se ve en cine y en televisión; la que determina qué se va a leer, qué hay que comprar o qué canción hay que oír. La alta sociedad de la cultura y el espectáculo, en fin. Algunos tics de American Psycho permanecen en esta novela. Benditos tics de genio.
Easton Ellis lo que hace es plasmar el estatus de esta gente a través de la vida de un minúsculo grupo formado por un productor, un chulo y un par de actrices con gran predicamento en las camas del sector. Con estos mimbres, el autor monta una increíble trama de poder, crimen y sexo que va inundando lentamente la historia. El horror. El horror al alcance de la mano, edulcorado con una fina y aparente película, entiéndase: dinero y fama. Sicarios mejicanos secuestrando y torturando a personas que pocas horas antes se codeaban con la élite del glamour y la industria cultural de la Costa Este de EE.UU.
Sólo un inconveniente: nombres. Un bombardeo de nombres de personajes cae sobre el lector, quien sólo después de bien entrado en materia logra situarlos y ponerles cara.

Novela corta, narrada en primera persona con un estilo neutro pero directo, con diálogos precisos y ágiles. Casi sin solución de continuidad la acción se enlaza en párrafos cortos, que llenan la novela sin acotación de capítulos, lo que le infiere dinamismo.

«Miro el reloj. Me he dejado la tarde libre. La actriz vacía la copa de champán. Un camarero atractivo y atento se la llena de nuevo. Yo no he pedido nada para beber porque algo más está surtiendo efecto. Necesito llevar esto al siguiente nivel si quiero que salga bien.
         –¿Estás contento? –pregunta ella.
         –Sí –respondo sobresaltado–. ¿Y tú?
         Ella se echa hacia delante.
         –Podría estarlo.
         –¿Qué quieres hacer?
         La miro directamente a la cara.
         Pasamos una hora en el dormitorio de mi apartamento de la planta quince del Doheny Plaza. Eso es todo lo que hace falta. Luego ella dice que se siente desconectada de la realidad. Le digo que no importa. Me sonrojo cuando me dice que tengo unas manos bonitas.»
        
Quien empieza a leer este libro queda embebido por la historia.
Lean a Bret Easton Ellis. Y presuman de ello.

4 comentarios:

  1. Yo tengo muy a gala haber leído a Breaston Ellis, Americhan Psycho, Menos que cero... Me parece un pedazo de escritor como hoy escriben pocos, y que además ha tenido una grandísima influencia en los demás

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  2. Pues no he leido nada de Easton Ellis, y como tus opiniones tienen valor para mí, pongo remedio a la de ya.

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  3. Tengo por ahí una edición de “American psycho” que llevo tiempo con ganas de leer. De hecho, veo mi comentario en tu entrada anterior sobre Easton Ellis, y ya tenía ganas de leerlo entonces, pero por un motivo u otro siempre postergué su lectura. A ver si ahora, porque, más allá de modas, parece un autor interesante que además ha sobrevivido al revuelo que causó su primera novela.

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  4. Eh... Debo leer esta novela, definitivamente. Recuerdo que cuando leí American Psycho quedé extasiado.. Luego fui directo por ese pequeño libro llamado The Informers, Un placer exquisito.

    Buen día. Seguiré pasando.

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