14 de octubre de 2011

LOS HERMANOS TANNER (Robert Walser)

Este verano he leído muy poco. Y he escrito menos aún. Vamos, nada. De escribir nada de nada, para qué mentir. Hasta tal punto llegó mi desidia que terminadas las vacaciones mis ganas de leer eran nulas.
Como me resulta inconcebible coger el cercanías para ir a trabajar sin un libro entre las manos, tiré del primero en la cola de mis lecturas pendientes. Resultó ser Los hermanos Tanner. Comencé su lectura con escaso ánimo.

Ya se reseñó en este blog Jakob Von Gunten, del mismo autor, aunque publicada con posterioridad a Los hermanos Tanner, vistas ambas novelas en perspectiva, el lector percibe profundas similitudes en el trasfondo psicológico, ideológico si se quiere, de los protagonistas y toma conciencia de un mensaje insistente que Walser parece querer comunicar y que reitera en sus obras.

Desde el mismo instante en que el lector entra en el desarrollo de Los hermanos Tanner, la escritura de Walser atrapa con un vigor y una fuerza tales que difícilmente pueden explicarse atendiendo a la mesura, el lirismo y la relajación que trasmite el texto.
La escritura de Robert Walser es extraña. El lector se siente cómodo, absorto por las palabras, emocionado por las frases enlazadas con una maestría hipnótica. Walser parece huir de los diálogos. Los personajes hablan, interpelan y responden en monólogos que pueden durar varias páginas, manteniendo, no obstante, la frescura y agilidad que podría dar cualquier diálogo entre personajes.
«Yo aprecio a Sebastian porque sé que tiene el valor de admitir sus múltiples errores. Por lo demás, todo esto es pura cháchara y nada más que cháchara; puedes irte si no te viene bien acompañarnos. ¡Qué cara pones, Kaspar! ¿Eres capaz de enfadarte porque una muchacha que tiene el privilegio de ser tu hermana te llama a capítulo? No, no lo hagas, por favor. Búrlate del poeta, si quieres. ¿Por qué no? Me lo tomé demasiado en serio hace un momento. Discúlpame.»

A Robert Walser le importa un pimiento la narración de la historia. No narra. Sólo escribe. Y escribe como dios.
«Hedwig, la cercana, era el objeto de sus sueños. Se olvidaba del resto del universo y el tabaco de pipa que fumaba volvía a aproximarlo al pueblecito, a la escuela, a Hedwig. De ésta imaginaba lo siguiente: va en una barquita con un tipo que la ha raptado. Es un lago pequeño como el estanque de un parque. Ella mira fijamente los negros y sombríos ojazos del hombre sentado en la barca, inmóvil, y piensa: “¡Cómo miran sus ojos el agua! A mí no me mira. Pero toda esa masa de agua me mira con sus ojos”.»

Las aventuras del inestable Simon Tanner, mezcladas con las continuas apariciones, más o menos fugaces, de sus hermanos, más o menos peculiares; la aparición de personajes secundarios de seriedad inquisitorial, el desenfado casi grosero en el trato entre ellos, las elipsis a bocajarro, el contenido masoquismo del protagonista… Todo ello amalgama una insólita y atrayente historia que por momentos me ha recordado a Bernhard o me ha traído a la mente al inefable Pynchon. Extraño, como el propio Walser.

Por cierto, si se refiere uno a la genial escritura de Walser, no tiene más remedio que aludir a la excelente traducción de Juan José del Solar.

Termino la reseña con las palabras de Walser:
«La nieve crujía bajo sus pisadas. Los abetos estaban tan cargados de nieve que inclinaban majestuosamente hasta el suelo sus poderosas ramas. Como a mitad de la subida vio Simon de pronto a un hombre joven echado sobre la nieve, en medio del camino. Aún había suficiente claridad en el bosque como para divisar al durmiente. […] Sebastian debió de haberse desplomado allí, víctima de un cansancio enorme que ya no pudo soportar. […] ¡Con qué nobleza ha elegido su tumba! Yace en medio de espléndidos abetos verdes, cubiertos de nieve. No quiero avisar a nadie. La naturaleza se inclina a contemplar a su muerto, las estrellas cantan dulcemente en torno a su cabeza y las aves nocturnas graznan: es la mejor música para alguien que ya no tiene oído ni sensaciones.»
Casi un presagio.

6 comentarios:

  1. Ohh que maravilla de libro,disfruté de lo lindo cuando lo leí...

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  2. Sí, casi un presagio, y para quien no termine de entender a qué hace referencia tal presagio que no deje de leer: Carl Seelig "Paseos con Robert Walser" Ediciones Siruela. Y aunque uno no tenga la curiosidad por lo del presagio que lea igualmente este libro, precioso en todos los sentidos. La reseña que se ha hecho en esta entrada del libro, y sobre todo de la escritura, de Walser es tan elocuente que no se puede decir más. En español se han traducido, quizá, todos los libros de Walser, y todos ellos son fascinates por igual. Gracias por tu blog, Arrecogiendobellotas.

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  3. Totalmente de acuerdo que con lo que dice Carlos, el libro de Seeling debe leerse.
    Qué genial era Walser

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  4. De acuerdo completamente contigo:genial Walser. Tiene una mezcla de sabiduría divina y locura amoral que impacta. Para mí se he convertido en uno de mis escritores predilectos. Su prosa transporta y, como bien dices, sin necesidad de trama ni coherencia argumental, atrapa en la lectura hipnóticamente. Siruela también ha publicado sus Microgramas (escritos en el manicomio de Herisau). Estoy deseando leerlos, pero imagino que son esas lecturas que afectan, aunque sólo sea supersticiosamente. Igual que ese fragmento con que cierras, que pone la carne de gallina.
    Saludos Arrecogiendo

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  5. Hola Atisbos:

    Yo de Walser he leído dos: "Jakob von Gunten" y "El paseo" y ambos me encantaron. Tengo pensado volver algún día a su obra. Además están casi todos sus libros en la biblioteca que suelo frecuentar. Me anima leer esta entrada para lanzarme.

    Espero que no se te vayan las ganas de leer, que esto estuvo parado muchas semanas, y se te echaba ya de menos.

    saludos
    David

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  6. Si es verdad lo que dicen sobre la locura y la creación, Walser es, matemáticamente, la prima donna de esta ultima.
    No se puede leer a Walser sin sentir el extañamiento profundo que desvela su alma. Ya no son sólo los siglos que nos separan es que además, su lógica, su moral, su experiencia vital nos miran desde el otro lado de un espejo haciendo casi imposible el acercamiento a su obra.
    Cuando me leí Jakob Von Gunten no sabía si me estaba tomando el pelo o comunicándome un mundo paralelo a mí al que jamás lograría comprender desde mi racionalidad.

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