12 de septiembre de 2011

DOCTOR GLASS, de Hjalmar Soderberg


Hjalmar Soderberg, autor sueco nacido en Estocolmo el año 1869. Murió en Copenague el 14 de octubre de 1941.
A pesar de ser uno de los escritores escandinavos más populares y leídos, yo no sabía de su existencia. La falta está reparada.

De igual modo que en reseñas anteriores he hablado sobre la falta de profundidad intelectual que muestran los contenidos y desarrollos de algunas novelas, esta es una ocasión para apuntar todo lo contrario. Cómo funciona el engranaje, perfectamente coordinado y engrasado, cuando quien escribe se apoya sobre una sólida Cultura y unos conocimientos ajenos a cualquier tipo de complejo o sumisión ideológicos.
Narrado a modo de diario, Soderberg consigue que el lector, a medida que avanza en la lectura de sus entradas, vaya conociendo a la perfección el modo de vida, el carácter y las ideas del protagonista.

«No me divierte ni el frecuentar conocidos ni las villas en el archipiélago. El archipiélago menos que nada. Un paisaje de picadillo, hecho de trocitos menudos. Islitas, canalitos, montañitas y arbolitos raquíticos. Paisaje pálido y depauperado, de colores fríos, sobre todo grises y azules, pero no lo bastante pobre para mostrar la grandeza de la devastación. Cuando oigo a alguien que alaba la hermosura natural del archipiélago, siempre sospecho que piensa en otra cosa, y la más superficial indagación confirma casi siempre la sospecha. Uno piensa en aire fresco y baños agradables, otro en su yate, un tercero en pescar con caña, y meten todo eso en el saco de la hermosura de la naturaleza. El otro día hablé con una joven que estaba entusiasmada con el archipiélago, pero el curso de la conversación reveló que pensaba en las puestas de sol y posiblemente también en un estudiante. Olvidaba que el sol se pone en todas partes y que los estudiantes se desplazan.»

Un asunto profesional, como muchos otros que ha atendido con anterioridad el doctor Glass, se convierte en el punto central desde el que se traza el círculo perfecto de la trama y su historia. Una leve desviación sobre la manera habitual en que el protagonista interpreta este tipo de consultas, la convierte en detonante de una serie de planteamientos éticos que acompañan los pensamientos del doctor y el desarrollo de la novela.
Y es que el ser humano es capaz de justificarse por cualquier acto negativo que haya llevado o vaya a llevar a término. Lo más interesante y curioso del caso es que no importa la gravedad del hecho, la justificación requiere el mismo esfuerzo para el pueril suspenso del estudiante, para la insignificante tardanza del impuntual o para el asesinato de millones de personas. El comandante de Auschwitz Birkenau escribió en sus breves memorias que sólo se arrepentía de haber dedicado poco tiempo a su familia.
Es falso que la mala conciencia no deje dormir. La mala conciencia se deshace en el cerebro humano como la miga de pan en el río, y acaba por ser, tan solo, un concepto abstracto en la mente de las buenas personas. El más grande mentiroso, el mayor criminal, duermen como bebés. La conciencia tranquila no garantiza el sueño reparador.

«De la orquesta surgía, precisamente entonces, el enigmático leitmotiv: “No debes preguntar”. Y me parecía que en aquella mística sucesión de sonidos y en aquellas tres palabras descifraba la súbita revelación de una muy antigua y oculta sabiduría. “No debes preguntar”. La suma de verdad que te es útil se te da de balde; viene mezclada con error y mentira, pero es por tu bien, ya que en estado puro te quemaría las entrañas. No intentes purgarte el alma de mentiras, porque con ellas se irán muchas otras cosas en las que no has pensado, y quedarás vacío de ti mismo y de todo lo que es valioso para ti. “No debes preguntar”.»

El final de la novela es de una elegancia majestuosa. La inteligencia convertida en maestría narrativa.

1 comentario:

  1. Tomo nota, además me atrae el norte y esa mentalidad atormentada que tan bien reflejan sus escritores y cineastas.
    Por otro lado, hace unos meses estuve en Noruega y en Suecia, y te juro que una parte de su paisaje marítimo de esta última me causó una impresión parecida a la que describe el narrador.
    Un saludo.

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