14 de mayo de 2011

LOS BOSQUES DE UPSALA, de Álvaro Colomer


Álvaro Colomer nació en Barcelona, en 1971. Es periodista. Colabora con diversos diarios y revistas de ámbito nacional. Tiene publicados varias novelas y libros de relatos. Los bosques de Upsala cierra la que ha denominado Trilogía de la muerte urbana.

Escribir una novela cansa. Cansa mucho. Se dedican miles de horas a manosear un tema y darle forma congruente y creíble. Hay que tener paciencia y mucha capacidad de trabajo y constancia. Pero sobre todo, en unas ocasiones más que en otras, hay que tener un sólido soporte intelectual que permita moldear de manera efectiva la idea inicial. Por eso no soy capaz de escribir una novela.

«A menudo maldigo el día en que alquilé este apartamento en forma de cruz. Cada atardecer, apenas regreso del trabajo, observo el pasillo y recuerdo la tarde en que mi esposa, hace aproximadamente un año, me comunicó que estaba harta de vivir en un lugar tan vinculado a la muerte como este. Luego añadió que a veces, cuando atravesaba el umbral de casa, le entraban ganas de echar a correr, tirar el bolso a medio camino y, alcanzando la terraza, saltar esa barandilla tras la cual se abre un abismo de siete plantas.»
Así comienza Los bosques de Upsala. No está mal, el lector queda a la expectativa. En este primer capítulo (la novela tiene seis), se concentra toda la calidad que pueda contener este libro. La soledad es una silla abandonada en mitad de la calle, que va quedando atrás, cada vez más lejana. Las historias personales que cuenta el protagonista están narradas de manera creíble, con unos niveles de intimidad tales que parecen una confesión de alguien real.

Pero Álvaro Colomer se dejó ganar por la impaciencia. La novela con el paso de las páginas pierde calidad de una manera tan alarmante que termina por ser una mala novela. Esto hace que se descubra un trasfondo intelectual y filosófico paupérrimo, tratándose de un tema tan doloroso y difícil. Por ello, intenta ocultar esta carencia narrando las muertes con descripciones tipo casquería, queriendo mostrar la gravedad del problema enseñando las vísceras de los suicidas.

Como mis reseñas suelen ser muy cortas, aprovecho algo del relleno de Colomer en este libro y hago más aparente esta entrada.
«De pronto siento el impulso de tentar a la suerte. De demostrar a Elena que, en lo más profundo de mí mismo y pese a que en ocasiones prefiera engañarme forzándome a pensar lo contrario, sé que su estancia en este mundo dependerá de ella, sólo de ella y de nadie más que de ella. Por más trabas que le ponga, mi esposa continuará en el reino de los vivos únicamente si así lo desea. Aunque me esfuerce en impedirlo, aunque la atiborre de antidepresivos, aunque le pague los mejores médicos, si ella decide quitarse de en medio, nada podrá evitarlo. Ni la ventana cerrada, ni la desaparición de los cuchillos, ni tampoco el vaciado de los botes de lejía. Y es que alguien que quiera morir, alguien que realmente quiera abandonar un mundo a su entender podrido, alguien que necesite hacer eso por encima de todas las demás cosas, y por tanto alguien que prefiera desvanecerse en la muerte a continuar a mi lado, encontrará siempre y en todo momento la forma de aniquilarse. Nada puede frustrar el suicidio de quienes se proponen de un modo impetuoso terminar con sus días. Absolutamente nada…» Y sigue así durante una larguísima y vacua parrafada.
El sentido del párrafo citado puede valer para la intención de subir una escalera o de aparcar el coche en unos grandes almacenes. Subir una escalera no tiene la misma importancia filosófica y vital que el tema del suicidio, por eso no pueden tratarse ambas cosas de manera similar.

Se ve que el autor ha leído libros sobre el asunto del suicidio. Y como no podía dejar tanto trabajo para sí mismo o para su correcto desarrollo dentro del texto, nos suelta otra parrafada más, ésta puesta en boca de un psiquiatra. Explicación que, al ser un médico de urgencias quien la da, queda profusa en exceso.

En otro momento el protagonista abronca a los clientes de una bar, a todos, y éstos avergonzados y poco menos que haciendo acto de contrición, agachan sus cabezas. A esto se le llama no distinguir una novela de una película de Hollywood.

La escritura de Colomer es de muy limitada calidad, con giros y palabras manidos que interrumpen el ritmo por su falta de originalidad.
El uso, en varias ocasiones, del eufemismo “politiqués” «en este país», chirría cada vez que se lee, como no podía ser de otra manera si se trata de hacer literatura.

«Pero el experimento no concluyó en este punto. Porque aquellos científicos, ávidos por continuar investigando y sospecho que disfrutando con el sufrimiento infligido a aquellos animales, repitieron el ejercicio con otros individuos de la misma especie…»
Quien cuenta esto es el protagonista, que es entomólogo. Sólo un endeble soporte cultural explica que se pueda caer de manera tan facilona en lo políticamente correcto.

Me quedan por transcribir anotaciones. Pero a estas alturas cualquier apunte más, sobra.

Leída esta novela mi ánimo se envalentona y comienzo a plantearme la idea de escribir algo. Pero, ahora que caigo, lo importante no es escribir es que te publiquen lo que escribes. En eso consiste ser un buen escritor.
En fin, que Los bosques de Upsala es, por tanto, una buena novela.

4 comentarios:

  1. Pues yo te animo a que lo intentes, amigo. Como tú bien dices, una cosa es escribir bien y otra muy distinta publicar y a lo mejor tener exito, eso es otra historia. Pero a lo de escribir anímate, de verdad... igual consigues algo.

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  2. Estoy seguro de que escribir esta historia que a mi me gustó bastante no es tan fácil como te ha parecido. Puede que no sea muy filosófica, pero puede que sea un error pretender un lectura así.

    La angustia, amigo Arrecogiendo, la angustia me agarró y me mantuvo en vilo. Como lo reseñé hace una temporada te animo a que polemices conmigo, que siempre es divertido.

    Un saludo.

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  3. Yo también te animo a ello, además un blog es un buen soporte para ir dándote a conocer.
    Upsala es una ciudad de Suecia donde nació Ingmar Bergman, que ha hecho grandísimas películas y, que yo recuerde, ninguna mala.

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  4. Madre mia le pones a parir jaja A mi me ha gusto bastante el primer parrafo (el que dices, abre la novela) solo por ello creo que merece la pena meterle una lectura.

    No te digo que me leas, no sea que no te guste.

    Saludos ;-)

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