20 de febrero de 2011

TIEMPO DE VIDA (Marcos Giralt Torrente)


Marcos Giralt Torrente nació en Madrid, en 1968. Es licenciado en Filosofía por la Universidad Autónoma de Madrid. Las novelas París y Los seres felices le han valido sendos premios patrocinados por la editorial Anagrama.

Tengo unos vecinos, matrimonio ellos, a quienes con cierta frecuencia oigo discutir y gritarse, faltándose el respeto de manera inaudita. Me resulta incómodo ser espectador indirecto de estas pequeñas mezquindades. Me incomoda porque lo que pueda llegar a escuchar de este intercambio de exabruptos no me interesa lo más mínimo. Me molesta ser espectador, no sólo indirecto sino espectador obligado, de una escena de la vida privada de otras personas.

Me ha resultado incómodo asistir como lector a la exposición de algunos trapos sucios de los protagonistas del libro. Durante la mayor parte de Tiempo de vida se respira un extraño ánimo de venganza. Venganza contra el propio padre, contra la segunda mujer de éste, quizá contra alguien más. Digo quizá porque el libro, a pesar de que el autor afirme que es un libro de dos (su padre y él), da la impresión de estar escrito para un círculo más o menos amplio de personas cercanas.
Casi toda la primera mitad de la narración parece escrita desde el punto de vista de un adolescente dolido por no haber conseguido la entera atención de su padre, divorciado de su madre. Por otro lado, el lector siente cierto pudor en determinados pasajes que narran discrepancias, trifulcas y roces muy privados. Contarlos tal vez sea valiente; ahora bien, se corre el riesgo de que al lector no lleguen a interesarle detalles de una intimidad tan intransferible.

En la segunda mitad, el relato comienza a tener cuerpo, se va tornando algo más asumible para el lector, a pesar de seguir apareciendo detalles exclusivos del entorno del escritor. A partir de aquí la lectura, in crescendo, va adquiriendo interés. La nueva relación con su padre, las reflexiones, las dudas, las culpas y vergüenzas que siguen presentes en el recuerdo. El conocimiento de cada gesto, de cada tono de voz, de cada expresión de su padre. El amor, en definitiva, que desprende el relato en algunos momentos, que al ser un sentimiento noble extrapolable a la vida del lector, hace que incluso los detalles más burdos, aunque inevitables y necesarios, de aspecto material o pecuniario sean más asimilables y aceptables por parte de quien lee.

«La noche del 31, cuando cae el año, él está sentado en una butaca y yo, a su lado, de pie. Ambos sabemos que brindaremos primero nosotros y dejaremos para más tarde el hacerlo con los demás, pero transcurre un tiempo, que a mí me parece largo, antes de que lo hagamos; un tiempo en el que nos miramos. Tiene los ojos muy abiertos y fijos en los míos, y, aunque me fuerzo a sonreír, no logro ser tan constante como él. ¿Cómo desear feliz año a quien no va a tenerlo?»

Marcos Giralt Torrente, con Tiempo de vida, ha soltado un peso que llevaba años soportando. Se ha quedado bien a gusto.

3 comentarios:

  1. No acabó de convencerme este libro.

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  2. Vaya, Arrecogiendo, después de todo no parece que te haya gustado mucho, al menos en el sentido de que no has disfrutado de su lectura.
    Es, para bien y para mal, un libro estraordinario porque explora terrenos inauditos y, además, creo está muy bien escrito.

    ¡Discrepo, compañero!

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  3. No conocia al autor.
    Siempre me resulta incomodo leer un libro o ver una pelicula que transmita, probablemente de manera no del todo voluntaria, ese animo de venganza (con la excepcion de las de Ingmar Bergman).

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