27 de junio de 2010

TODOS LOS HERMOSOS CABALLOS (Cormac McCarthy)


Lo cierto es que otra vez acabo de leer una novela del Oeste.
Hasta que llegué a las novelas de McCarthy nunca había leído novelas sobre vaqueros del Lejano Oeste. Tal vez Los invictos de William Faulkner, que leí hace años, podría encajar en el género.
Este tipo de historias siempre las he relacionado con Marcial Lafuente Estefanía y con un señor que viste ropa de faena manchada de cemento o escayola, sentado en la parada del autobús con un canasto a sus pies, leyendo un pequeño libro de bolsillo cuya portada es el dibujo de un sheriff que desenfunda su Colt para disparar contra un malvado asesino que, entre sus altas botas, se ve a lo lejos.
La historia que se narra en Todos los hermosos caballos es bastante convencional, con independencia de los detalles propios del argumento y de la excelente elección de personajes. Ya dijo García Márquez que sólo se escribe sobre tres temas y sólo sobre tres temas: la vida, el amor y la muerte.
La novela engancha. Los personajes, aunque con personalidades muy bien definidas, no permiten que se anticipe ninguna de sus acciones, lo que provoca inevitablemente que el lector fije su atención en cada párrafo.
Además McCarthy narra con una habilidad de genio. Con leves y sutiles detalles, que apenas se perciben en la lectura continuada de la historia, nos hace creíble la trama y y habitable el paisaje.
“Ensillaron los caballos y ofrecieron pagar la comida al hombre pero él frunció el ceño y les despidió con un ademán y después de estrecharse otra vez las manos les deseó buen viaje y ellos montaron y cabalgaron hacia el sur por la senda llena de baches. Un perro les siguió durante un rato y luego se quedó observándolos.”
Uno de los pasajes de mayor maestría es la narración, con diálogo incluido, de una partida de billar entre dos de los personajes.
El protagonista es nuevamente una persona desarraigada, que cuando encuentra un motivo para establecerse en un determinado lugar, los prejuicios, la corrupción y las casualidades, le obligan a seguir una vida ambulante.
En Todos los hermosos caballos las descripciones del paisaje no son tan abundantes como en Meridiano de sangre ni tan esenciales en el desarrollo de la trama, sin dejar de ser parte importante. Las charlas de algunos personajes son algo más extensas que en otras novelas de este autor pero el protagonista mantiene ese diálogo seco, tajante y breve tan propio de la escritura de McCarthy. De hecho, se puede decir que el joven protagonista habla más con su montura que con las personas.
“… y él le hablaba mientras cabalgaba y le decía cosas del mundo que eran ciertas en su experiencia y le decía otras que podían ser ciertas para ver cómo sonaban al decirlas.”
Me resultó curioso, cuando en un momento determinado de la historia un personaje se marca un largo e interesante monólogo, percibir cómo el autor no puede evitar destapar su interés por Méjico y el conocimiento que posee de este país, escenario de gran parte de su obra literaria.
Cerca del final se narra el encuentro con unos niños mejicanos. De nuevo McCarthy sorprende con la capacidad de plasmar una ternura infantil, palpable, creíble, reflejada tan sólo con el diálogo. De nuevo, como en Meridiano de sangre, el autor encauza el final de la historia con la aparición de unos niños. Éstos parecen ser el aglutinante de todo lo ocurrido, los que con sus preguntas y respuestas permiten al lector tomar aire y hacer recuento de cada hecho y sus consecuencias.
Aquí sí, cerca del final, el paisaje vuelve a tener fuerza, vuelve a mostrarse como lo único que permanecerá, como nuestra conexión con el universo, al que todo pertenece. Así quedamos a la espera de la próxima novela de la trilogía:
“Cabalgaba con el sol cubriéndole la cara de cobre y el viento rojo soplando del oeste sobre la tierra crepuscular y los pequeños pájaros del desierto volaban gorjeando entre los helechos secos, y caballo, jinete y caballo pasaban de largo y sus largas sombras pasaban en tándem como la sombra de un solo ser. Pasan y palidecían en la tierra oscurecida, el mundo venidero.”
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