7 de diciembre de 2010

CORRE, CONEJO (John Updike)


John Updike nació en Pensilvania, en 1932. Es considerado uno de los grandes escritores de la literatura norteamericana del siglo XX. Falleció en enero de 2009.
Corre, Conejo se publicó en 1960.
Densa y arenosa lectura. Novela ambientada en una mediocridad hiriente, en un paisaje gris. Con la forma de narrar de John Updike, la frustración, identificada como fracaso, y la huída hacia delante, se adhieren al lector como una pegajosa tela de araña.
Los sentimientos y la pasión aparecen sólo cuando es inevitable y lo hacen con una costra de escasa sinceridad y repletos de egoísmo, sólo emparentados con el placer más inmediato: puro hedonismo (de nuevo).
Ante una historia tan agobiante, el lector pretende hacer fluido su paso por el relato, deslizarse lo más cómodamente posible por el asfixiante ambiente que le rodea. Pero Updike consigue retener el avance a su antojo, y aquél tiene la impresión de correr por la pendiente de una gigantesca duna, viéndose obligado a embadurnarse del hastío que envuelve a los personajes, a profundizar en sus frustraciones, en sus fracasos.
Con una escritura arcillosa, embarrada unas veces y árida en otras ocasiones, resaltando detalles inútiles para el desarrollo de la escena, y por tanto de la trama, pero que convierte en centro de atención con su descripción obsesiva de los por menores más insospechados, el autor lo deja bien claro: si quieres seguir leyendo, te mojas. Si no quieres sentir lo que sienten mis personajes, cierra el libro.
Es diestra con los palillos y resulta agradable verla comer así, una mano en el regazo con la palma hacia arriba. A Conejo le gusta ver cómo agacha la cabeza, ese cuello grueso que se adelanta y alza los amplios tendones en los hombros para acercar los labios al bocado sujeto sólo con la presión imprescindible entre los palillos. Es curioso que las mujeres rollizas tengan esa delicadeza.
En otro momento escribe:
Sonriendo aliviado, él se incorpora sobre un codo y besa la carnosa mejilla laxa, admirando su tenaz textura porosa.
Es obligado destacar el manejo de las metáforas. Metáforas inverosímiles, muy originales, y muy literarias a pesar de todo.
Joyce le mira y, como una lámina que se ondula, el miedo tira de un ángulo de su rostro. Parece estar al borde de las lágrimas.
Otra:
El bebé gimotea infatigable, yace en la cuna y produce un irritante ruido de algo forzado, como una rozadura débil y persistente en una puerta interior. ¿Qué quiere? ¿Por qué no duerme?
La original técnica y el profundo trabajo de elaboración del perfil psicológico de los personajes obligan a seguir hasta el final. Se trata de una novela consistente y de gran nivel, con la que Updike obliga al lector a mojarse, hasta que por fin corre con el protagonista… Corre, corre.

7 comentarios:

  1. Hola, no imaginaba que la lectura de Upkide fuese arenosa, más bien me imaginaba a un autor con bastante humor.
    Imagino que pertenece a esa época norteamericana de los grandes temas. Asocio a Upkide con Saul Below.
    Al primero tengo que descubrirlo aún, a Below tengo que retomarlo.
    La literatura norteamericana suele decepcionar poco.

    saludos

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  2. Qué tal?
    Me ha gustado tu reseña, este libro no lo he leido, de hecho de Updike solamente leí Terrorista y la verdad es que no me gustó nada, quizá debería drale otra oportunidad.

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  3. Interesante reseña del libro, como no lo he leído y has despertado mi curiosidad, tomaré nota para leerlo.

    Saludos

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  4. La literatura estadounidense es, quizás, una de las que más deben apoyarse en su contexto para ser entendidas: el escritor norteamericano es extremadamente vulnerable a su marco socioeconómico, en tanto su sociedad desdeña el prestigio en tanto objetivo y sobrevalora las ventajas que supone la acumulación de dinero.

    "Run, Rabbit" es, como bien señala la traducción, el sustantivo con el que se designa en inglés a un simpático animal que suele hacer las veces de héroe en las caricaturas animadas. También, el argot estaodunidense ha dispuesto que con él se definan las cualidades del perdedor: un individuo tímido, vacilante, notable a causa de su semejanza con la multitud de nadies que componen una nación obsesionada por el éxito. John Updike no yerra al considerar que el lector americano identificará a Harold "Rabbit" Armstrong con los temblores y los titubeos del conejo.

    "Corre, Conejo" es un bien acabado intento de proseguir la descripción de la muerte antes del nacimiento del sueño americano iniciada por Sinclair Lewis en 1922 con su novela "Babbitt and Humphries" (luego publicada exclusivamente como Babbitt, y no resultan nada casuales las similitudes en el nombre): Babbitt y Rabbit son dos individuos corrientes pero disconformes, sujetos deseantes de mejoría pero incapaces de afrontar el valor que supone un cambio. Son, hacia el final, mansamente devorados por el canibalismo de quienes aseguran fidelidad convencida al sistema, y que no son sino rebeldes aún más incapaces y aún más cobardes. Tanto en Lewis cuanto en Updike el defecto prevalece inexorablemente sobre la virtud, y el mérito es más que ninguna otra cosa el grado de ausencia de la miseria.

    Babbitt fue escrita antes de la Gran Depresión; en cierto modo la presagió, dando la alarma acerca del fin del optimismo de entreguerras. Rabbit se pergeñó antes de Vietnam y el repliegue estadounidense en los setenta; también, antes de la irrupción de la economía como disciplina de control social y de medida de adhesión al régimen en los años de Reagan y posteriores. En ambas novelas (Updike convirtió a su personaje en el protagonista de una saga distópica) se aprecia desde un lenguaje un tanto demasiado llano la postración de la clase media estadounidense ante la serena represión socioeconómica y religiosa que se agravaría cíclicamente hasta acabar por ejercer un carácter crónico. La conclusión de ambos autores puede resumirse en palabras sartreanas: siempre triunfa la mala fe, la cuestión es cuánto tenemos que ver nosotros en ello.

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  5. Tomo nota. De Updike lei hace tiempo "Mas Bech" (Bech is back) y me gusto mucho, precisamente porque trataba temas serios con mucho humor sin que por ello el libro fuera menos incisivo. Luego lei unos relatos y me parecieron arcillosos, aridos y embarrados casi siempre. Pero me quede con ganas de volver a leer algo suyo, y probablemente lo haga con esta novela.
    Un saludo.

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  6. La leí hace unos años... o más bien comencé a leerla, porque se me atravesó y la acabé dejando. Hay libros con los que, por lo que sea (no porque estén mejor o peor escritos) no logras contactar

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  7. Tengo a Updike como materia pendiente, en estas vacaciones he logrado hacerme precisamente con este libro. El trabajo en el lenguaje de los personajes, incluso en el esbozo de los mismos, me han antojado su lectura... ¡Saludos!

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