2 de septiembre de 2010

FAHRENHEIT 451 (Ray Bradbury)


Ray Bradbury nació el 22 de agosto de 1920 en Waukegan, Illinois. Escritor muy conocido por su excelente libro de cuentos Crónicas marcianas (1950), fue guionista de televisión, ensayista y poeta, además de novelista. Su obra enfoca principalmente el mundo fantástico y futurista, como una alegoría extrema de las deficiencias de la vida actual.
Fahrenheit 451 podría considerarse una novela que sin complejos toma el relevo de las geniales 1984 de George Orwell y Un mundo feliz de Aldous Huxley.
Estamos ante una novela corta, 174 páginas, dividida en tres partes que continúan el hilo temporal de la historia. Bradbury utiliza el narrador omnisciente, lo que le permite un mayor control al exponer las situaciones y perfilar los caracteres de los personajes que van apareciendo.
La narración nos centra principalmente en las acciones y los sentimientos contradictorios del protagonista, que de casualidad conoce a una joven vecina de su barrio y descubre de forma casi intuitiva la necesidad de ir más allá en su vida anodina y carente de sentido.
Me viene a la memoria el nacimiento de la televisión.
La BBC fue una de las primeras cadenas en emitir. Los directivos de la televisión británica, ilusos ellos, creyeron tener en sus manos la más grande herramienta de la historia de la humanidad para acabar con el analfabetismo y la incultura. Así pues intentaron usar dicha herramienta en la India, por entonces colonia británica. El fracaso de los programas de divulgación y enseñanza fue tan estrepitoso que el proyecto televisivo en la India quedó en suspenso.
Bradbury nos plantea el posible futuro de una sociedad inculta y carente de motivación. Los gobiernos de nuestros países aprovecharán lo que “motu propio” los ciudadanos les han brindado en bandeja: la dejación de la lectura, el abandono de todo esfuerzo encaminado a enseñar o aprender, el olvido de la verdadera cultura. Sólo el hedonismo más perezoso, encabezado por la televisión, será el objeto primordial de nuestro tiempo libre.
La destrucción de la cultura como identidad propia y como fundamento de la sociedad occidental, con todo lo que ello significa, comienza con lo políticamente correcto. Bradbury pone en boca del jefe de bomberos las siguientes palabras:
Has de comprender que nuestra civilización es tan vasta que no podemos permitir que nuestras minorías se alteren o exciten. (…) A la gente de color no le gusta “El pequeño Sambo”. A quemarlo. La gente blanca se siente incómoda con “La cabaña del tío Tom”. A quemarlo. ¿Alguien escribe un libro sobre el tabaco y el cáncer de pulmón? ¿Los fabricantes de cigarrillos se lamentan? A quemar el libro. (…) ¿Los funerales son tristes y paganos? Eliminémoslos también.
Cualquiera puede pensar que es un comentario actual sobre la situación política y social que viven Europa y Estados Unidos en los últimos años. El abandono de los principios y confundir el enriquecimiento cultural con la renuncia a la propia cultura, base de nuestro próspero y avanzado sistema social, lleva inevitablemente a la destrucción y desaparición de toda libertad y desarrollo. Y algunas páginas después continúa el jefe de bomberos Beatty:
Si no quieres que un hombre se sienta políticamente desgraciado, no le enseñes dos aspectos de una misma cuestión, para preocuparle; enséñale sólo uno. O, mejor aún, no le des ninguno. Haz que olvide una cosa llamada guerra. Si el gobierno es poco eficiente, excesivamente intelectual o aficionado a aumentar los impuestos, mejor es que sea todo eso que no que la gente se preocupe por ello.
Bradbury lo clava: control social, cultural e informativo. Y sobre todo, control del lenguaje. Que la libertad no sea La Libertad. Que el progreso no sea El Progreso. Que la cultura no sea Cultura. Que la familia sean los presentadores de televisión. Que la felicidad sean los barbitírucos…
A la larga el hedonismo, como renuncia del nimio esfuerzo intelectual que supone la lectura de un poema, de un artículo, de una novela o un reportaje, acaba llevando al hastío y la apatía. Montag, el protagonista, comenta en un momento de la novela:
No lo sé. Tenemos todo lo necesario para ser felices, pero no lo somos. Falta algo. Miré a mi alrededor. Lo único que me constaba positivamente que había desaparecido eran los libros que he ayudado a quemar en diez o doce años. Así, pues, he pensado que los libros podrían servir de ayuda.
La lectura es la actividad lúdica intelectual que más respeto merece. Se realiza un esfuerzo que, en principio, no necesitamos para disfrutar de otras actividades. Escuchar música, asistir a un drama o comedia teatral o ir al cine, no requieren la dedicación de los sentidos y la concentración que necesita la lectura, en principio, repito. Visto así, cualquier dejación de la lectura conlleva inevitablemente la ignorancia y abandono del soporte cultural de cualquiera de las demás señas de cultura y disfrute intelectual.
¿Se da cuenta, ahora, de por qué los libros son odiados y temidos? Muestras los poros del rostro de la vida. La gente comodona sólo desea caras de luna llena, sin poros, sin pelo, inexpresivas. Vivimos en una época en que las flores tratan de vivir de flores, en lugar de crecer gracias a la lluvia y al negro estiércol.
Ray Bradbury no olvida tampoco el último resquicio al que se agarran los déspotas, por muy disfrazados que vayan de democracia:
(…) Sin embargo, recuerde que el capitán [de los bomberos] pertenece a los enemigos más peligrosos de la verdad y de la libertad, al sólido e inconmovible ganado de la mayoría. ¡Oh, Dios! ¡La terrible tiranía de la mayoría!
Y al final, la guerra.

6 comentarios:

  1. Es realmente interesante y estoy de acuerdo en lo esencial con todo lo que tan maravillosamente explicas. Bradbury era un adelantado a su tiempo como tantos hombres que nos han dejado ' perlas' como éstas casi proféticas sobre la sociedad en la que ' mal vivimos ' o sobrevivimos.Nos conviene pensar más profundamente sobre todas estas cosas y leer ayuda ¡ ya lo creo que ayuda !
    ¡ Qué no nos falte ! Quizás cambie el soporte pero no la esencia.

    Un saludo :-)

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  2. Hola, Arrecogiendobellotas. Creo que la lectura exige más concentración que otros ocios y, a cambio, es una actividad lúdica muy capaz, ya que puede contener bastantes manifestaciones artísticas: en un libro se puede ver una película, admirar un óleo y, si me apuras, hasta escuchar una canción (pero no me apures mucho, eh...). Como a esto hay que añadir su peculiar forma de manifestarse, que es la literatura, pues sólo queda concluir por mi parte esto: los libros son la leche, tío.

    Ya me iba apeteciendo leerte, hombre.

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  3. Parecía ciencia ficción en su momento, pero creo que nos vamos acercando a ese panorama, con el elogio que se hace hoy de la incultura, la despreocupación y lo fácil

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  4. No he leido la novela de Bradbury, pero el pequeno ensayo que haces sobre ella es realmente interesante y anima a leerla.
    Vi la adaptacion que hizo en los sesenta Francois Truffaut, y coincide bastante con lo que expones tu.
    Yo tambien creo que el futuro esta aqui; no se llega al extremo de quemar libros (o de ejecutar a disidentes, como en 1984), pero todo eso tambien se puede entender como una metafora de lo que probablemente se intuyera ya entonces y estamos viviendo de lleno ahora.

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  5. Hay algunos puntos de tu reseña con los que no estoy de acuerdo. Es cierto que Bradbury carga contra el discurso políticamente correcto, pero esa entronización de la "alta cultura" es, en última instancia, autoritaria. Te invito a que leas un comentario que dejé en mi blog sobre Fahrenheit: http://costumbresdelosalcobranes.blogspot.com/2011/02/ray-bradbury-politicamente-incorrecto.html

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  6. Vicente, gracias por acercarse por aquí. Espero que continúe viniendo. Agradezco también la invitación a visitar blog.
    He leído atentamente su interesante entrada referida a Fahrenheit 451 y puedo decirle con toda rotundidad que no puedo estar más en desacuerdo con la conclusión a la que usted llega.
    Sin profundizar demasiado diré que estoy convencido de que en Fahrenheit 451, Bradbury defiende las libertad del hombre y señala la desidia de los ciudadanos como uno de los factores indispensables para que el totalitarismo entre disfrazado en nuestras ricas sociedades, con el apluso irresponsable de muchos ignorantes que creen defender la libertad.

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