20 de mayo de 2010

UN TRANVÍA EN SP (Unai Elorriaga) (II)


Empieza la novela con un viejecito entrañable que recuerda, entre el vaivén de la razón, a un amigo, conductor de tranvía. Su hermana, también en la vejez, parece ser su único soporte, que se soporta a la vez en el entrañable viejecito.
¡Qué solos están los viejos! ¡Qué lejos quedan los viejos!
La vulnerable vejez se asemeja tanto a la primera infancia de un recién nacido…
Una de las frases que más me han impactado la dijo el Papa Juan Pablo II en sus últimos años de vida. Decía algo así como “Miradme, soy viejo y estoy enfermo, sí.”
No queremos ver a los viejos. No queremos que nos molesten la vista. No queremos que nos estorben el tiempo. No queremos que nos distraigan la comodidad. Por eso es fantástica la aparición del joven Marcos y por extensión la de la joven Roma. De la manera más natural los viejos y el joven se convierten en familia. Ni unos extrañan las excentricidades del joven ni el otro extraña las excentricidades de los viejos. Nada está fuera de lo común. Y es que la convivencia hace que todo sea llevadero. La aparición de los jóvenes en el último tramo de vida convierte en bello lo anodino y habitual en la vida de un anciano. La juventud más plena junto al final más cierto.
La belleza más simple del amor más natural. El joven lava los pies del viejo como toca la guitarra o decide dejar de tocarla. Todo está unido, encadenado.
Seremos viejos, si todo funciona normalmente, sólo espero que podamos tener la suerte de Lucas.
Todo es más simple de lo que deseamos creer. Porque nadie muere entre fanfarrias, ni nadie ante la muerte decide hacer o decir algo trascendente. Tal vez en ningún otro momento de la vida se sea más consciente de lo efímero que es todo, de lo simple que resulta todo.

2 comentarios:

  1. Hola,hoy sali a conocer mas sitios y aqui me encuentro,son muy lindas tus letras,provocan una profunda sensacion de agrado,seguire pasando de visita.Te invito a conocer al Señor Humor en mi blog Cuentos y Orquideas,mucha luz y hasta pronto...

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  2. Encantado de haber recalado aquí. Estoy de acuerdo con tu post anterior: no he leído la novela pero creo también que un premio como el que le dieron más que beneficiarla puede perjudicarla. Luego veo que, de todos modos, te ha dejado cierto poso... quizás pasa así con algunos libros, que no te das cuenta de que te han gustado hasta mucho tiempo después.

    El último párrafo de tu entrada es espectacular. Muy lúcido y muy inteligente. Enhorabuena

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