5 de marzo de 2010

RETORNO A BRIDESHEAD (Evelyn Waugh)


Evelyn Waugh nació en Hampstead en 1903. Era hermano de Alec Waugh, al parecer un popular novelista (que no conozco) e hijo de un conocido editor y crítico literario. Estudió en Oxford, donde se graduó en Historia moderna. Durante la Segunda Guerra Mundial sirvió en La Marina Real y en Las Reales Fuerzas Montadas.
En plena adolescencia tuve la suerte de disfrutar de una de las mejores series de televisión de todos los tiempos. Se llamaba Retorno a Brideshead. La indolencia acomodada de los años veinte, el peculiar vestuario, el cinismo británico y la narración intimista de una voz fuera de cámara, creaban un ambiente melancólico propio de quien narra desde la adultez los recuerdos de su edad universitaria. Además el color pastel de la fotografía, acompañado de una banda sonora muy “haëndeliana”, creaba una fiable plasmación de la Inglaterra rica de los años veinte. Me gustan mucho las historias ambientadas en esa época, tanto en la decadencia británica como en el despertar estadounidense.
A pesar de los años transcurridos (muchos), comencé a leer la novela profunda e inconscientemente condicionado por la serie de televisión.
Lo primero que eché de menos fue el tono intimista y nostálgico. Waugh narra toda la historia con una increíble frialdad, muy británica, por cierto. No obstante esto no quita que el desarrollo de la trama y su exposición narrativa sean excelentes.
Los personajes tienen personalidades sólidas. Se describen con breves pinceladas, dejando que sus actos y diálogos vayan perfilando su retrato de manera coherente. A lo largo de la novela van apareciendo e incorporándose a la trama como nuevas voces de un coro que mejora paulatinamente.
El tono neutro, más bien frío, como digo, y el ritmo de la narración involucran lentamente al lector, que se ve envuelto por el ambiente de tal manera que no percibe su degradación más que cuando es irremediable e irreversible.
Una nota del autor precede el inicio de la novela: “Yo no soy yo: tú no eres ni él ni ella: ellos no son ellos.” Si no tuviéramos bastante con la historia que se narra, la nota descubre claramente el carácter autobiográfico de la novela.
Al terminar la lectura comprendí que la producción de la serie de televisión había jugado con ventaja: conocida la vida del autor, ésta se combina con la novela y en la trama aparecen nítidamente situaciones y comportamientos no plasmados en el libro; se corona el cóctel con talento y obtenemos una obra de arte para ver en casa.

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