De nosotros, los lectores, depende que no muera realmente. Delibes está en su obra y leerla es acercarse a la vida, a una mente lúcida y muy viva, mucho más de lo que ninguno de nosotros alcanzaremos a estar. En breve, asistiremos a nuevas ediciones de las obras de Delibes. Libros vistosamente encuadernados y engordados en su precio que irán perdiendo fuelle en las ventas a no más de un año. Este oportunismo comercial crea cierto pudor para abordar ahora las lecturas pendientes de su obra: este sábado ya vi algunos libros suyos en los estantes preferentes de una librería y reprimí mis ganas de comprarlos. Delibes es mucho más.
Delibes no morirá mientras no muera la tierra, mientras no mueran todos los pájaros ni las cebadas fenezcan. Su espíritu salta por los campos, a la sombra de los alamos, aprendida a un manzano. Suspendido entre las torpes alas de una avutarda, entre las espigas de trigo, su espíritu se pasea. Un abrazo
Delibes se había muerto hace mucho tiempo...
ResponderSuprimirDelibes ha sido un tipo sencillo hasta el final. Que aún así su muerte no pueda pasar desapercibida dice de él que ha sido un grande.
ResponderSuprimirY austero.
ResponderSuprimirDe nosotros, los lectores, depende que no muera realmente. Delibes está en su obra y leerla es acercarse a la vida, a una mente lúcida y muy viva, mucho más de lo que ninguno de nosotros alcanzaremos a estar.
ResponderSuprimirEn breve, asistiremos a nuevas ediciones de las obras de Delibes. Libros vistosamente encuadernados y engordados en su precio que irán perdiendo fuelle en las ventas a no más de un año. Este oportunismo comercial crea cierto pudor para abordar ahora las lecturas pendientes de su obra: este sábado ya vi algunos libros suyos en los estantes preferentes de una librería y reprimí mis ganas de comprarlos. Delibes es mucho más.
Delibes no morirá mientras no muera la tierra, mientras no mueran todos los pájaros ni las cebadas fenezcan.
ResponderSuprimirSu espíritu salta por los campos, a la sombra de los alamos, aprendida a un manzano.
Suspendido entre las torpes alas de una avutarda, entre las espigas de trigo, su espíritu se pasea.
Un abrazo