30 de junio de 2009

JAKOB VON GUNTEN (Robert Walser)


Robert Walser nació en Suiza el año 1878, en la ciudad de Biel. Abandonó la escuela y comenzó a trabajar como oficinista al tiempo que se dedicaba a escribir poesía. En 1905 su hermano lo invita a vivir en Berlín, donde escribe varias novelas, entre ellas Jacob Von Gunten. En 1930 ingresó en la clínica psiquiátrica de Herisau hasta su muerte, ocurrida en diciembre de 1956.
En principio lo que más llama la atención de Robert Walser es su propia vida, resumida en la renuncia a la fama, al reconocimiento de su obra y rematada con una muerte solitaria, de la que sin embargo queda el retrato del escritor tendido en la nieve junto a su paraguas y su sombrero, precedido por un reguero de huellas que guían al final de su existencia.
Jacob Von Gunten es un libro extraño. El protagonista narra sus vivencias, a modo de diario, en el Instituto donde estudia como interno. Procede de una familia burguesa, sobradamente acomodada y a pesar de ello renuncia comenzar su despegue en la vida con esa ventaja, pasando a formar parte de la masa trabajadora y anónima de sirvientes; para eso está en el Instituto Benjamenta, para ser un servidor o un sirviente que no exige contrapartida ni compensación.
Pero por la forma en que está narrada la historia, por la manera de escribir del protagonista Jacob Von Gunten, por su exagerada impostura, el lector se plantea algunas dudas, a saber: ¿se trata de un sociópata o de un señor con un sentido del humor y la ironía muy agudos? ¿Es toda la novela una protesta a modo de metáfora sobre la sociedad moderna, sobre la competitividad y lo que ello conlleva, sobre, ya no la de falta de aprecio (que es algo pasivo) sino sobre el desprecio por los demás y la decisión voluntaria de Jacob Von Gunten de renuncia a participar en el juego? La ironía de la narración hace percibir un masoquismo social e incluso personal, por parte del protagonista, rayanos en la demencia. Pasado el tiempo el propio Walser se comportaría como Jacob Von Gunten y pretendería ser “nadie”, ser ignorado.
El lenguaje, como ya he señalado, es artificioso, retratando así al protagonista, autor del diario.
Dicho esto, quiero resaltar un par de inteligentes metáforas que aparecen al principio de la novela:
“Se encienden las farolas, una deslumbradora luz eléctrica se precipita como un líquido ardiente entre las hojas de los árboles.”
“Los vagones del tranvía eléctrico parecen cajas repletas de muñecos.”
Robert Musil y Franz Kafka fueron grandes admiradores de Robert Walser. Algo tendrá el agua cuando la bendicen.

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