14 de abril de 2009

TAN FUERTE, TAN CERCA (Jonathan Safran Foer)


J. Safran Foer nace en Washington en 1977. Su primera novela “Todo está iluminado” obtuvo un gran éxito. Esta es su segunda novela.
No soporto las reseñas que destripan sin compasión la historia que comentan. Es más, procuro tocar lo menos posible todo lo relacionado con el desarrollo del argumento, pero me ha gustado tan poco lo visto y leído en este libro que para justificarlo creo necesario señalar algo de la trama.
La narración tiene como trasfondo el terrible atentado del once de septiembre de 2001 en la ciudad de Nueva York, que provocó el derrumbe de las Torres Gemelas y el asesinato de más de dos mil personas.
Sin lugar a dudas, un acontecimiento de una envergadura tan vil como el atentado del once de septiembre, marca mucho, tanto más cuanto más cerca se sufra.
El protagonista de la historia es un niño de unos diez años en busca de la cerradura que abre una llave encontrada entre las cosas pertenecientes a su padre, asesinado en el atentado en cuestión.
El hecho de que el protagonista sea un niño ya pone sobre aviso, sobre todo desde el mismo instante en que el lector se cerciora de que los diálogos que mantiene expresan una precocidad estimable, como no podía ser de otra manera si el autor quería continuar con la historia.
El niño sabihondo toca la moral pero, además, el autor se dedica a realizar una serie de alardes y alharacas superfluas y poco imaginativas, a mi entender, más propios de una agenda escolar de adolescente que de un autor de prestigio internacional.
Entre interrupciones continuas del ritmo, que en ningún momento logra transmitir el estímulo necesario, la fácil trampa de la llave para retener al lector el mayor número de páginas posible, la aparición de personajes prometedores que después tan sólo son un bluf, párrafos y párrafos de tinte surrealista, dibujos y fotos salteados por todo el libro… Hubo momentos, durante la lectura de este libro, en los que me sentí como un turista europeo en un país pobre, que hace el imbécil comprando un recuerdo y pagando más de lo que vale. El turista hace el imbécil no porque le estafen sino porque sabe que le están estafando y aún así lo acepta.
Un escritor de verdad desparrama su imaginación contando historias con palabras, sólo con palabras.

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