3 de marzo de 2009

QUIEN PARPADEA TEME A LA MUERTE. (Knud Romer)


Romer estudió literatura comparada en Copenhague. (Por cierto, ¿dónde están en España ese tipo de titulaciones tan corrientes en otros países?). Ha trabajado en publicidad y en el cine como guionista y actor. Además ha escrito varios ensayos sobre el comportamiento colectivo.
Ambientada en un pueblo danés, la novela nos introduce en un aspecto poco conocido de las relaciones entre países centroeuropeos: la marginación sufrida por los alemanes tras la Segunda Guerra Mundial.
La narración enlaza las historias referentes a los miembros de una familia danesa con ascendencia alemana por parte de la madre, manteniendo como catalizador, que hace homogéneo todo el relato, al niño que narra en primera persona y en pasado. La novela abarca un período extenso: desde la Segunda Guerra Mundial hasta los primeros setenta.
Durante la lectura se obtiene una curiosa sensación: a pesar de intuir que el niño protagonista narra desde la adultez, se percibe un tono infantil e inocente.
Sin abandonar la melancolía y la tristeza vividas por el pequeño Knud (el narrador), se pueden saborear pasajes muy ingeniosos y simpáticos.
Destacaré dos:
Por un lado el cumpleaños del pequeño Knud. Mezcla de tristeza, vergüenza y ternura, todo ello dejando entrever una pizca de resentimiento, sólo una pizca, que es la cantidad que cabe en el recuerdo de un niño.
Por otro lado, la llegada de su abuela por Navidad. Las lecturas a la comodidad de la chimenea, la peculiar vivencia de la Misa del Gallo, el desprecio ostensible de los vecinos… Y sobre todo ello siempre se respira la ilusión, los miedos y las cándidas esperanzas propias de la infancia.
La novela termina con una evidente declaración del odio y desprecio que siente el narrador por aquellos que hicieron de su infancia y adolescencia una vida llena de miedos, inseguridades y humillaciones. El asco y el odio, repito, que siente por todos ellos encuentra su clímax narrativo en el natural, y no por ello menos depravante, deterioro de sus padres; sobre todo de su madre, abanderado baluarte del origen germano de la familia en un ambiente social cruelmente adverso.
Como ya se ha señalado, la novela tiene un hilo conductor: el pequeño Knud. Pero podríamos tomar las historias familiares de forma individual y tendrían consistencia por sí solas.

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