Esto de la definitiva novela americana cansa como reclamo. Purito mercadeo. Lo digo porque comienza a parecerse a los cacareados partidos del siglo en fútbol: todos los años hay tres o cuatro.
Podríamos enumerar un sinfín de autores,
tendencias y títulos que hablan por sí solos de la grandeza de la literatura
estadounidense. Sin embargo, según parece, continúan buscando la novela definitiva
cuando en el resto del mundo los lectores han encontrado un buen puñado de
definitivas obras maestras de la novela americana. ¿O es que eso de la
definitiva novela americana sólo se menciona por aquí a la hora de vender?
Esta reseña llega a una distancia
prudente de la fecha de publicación de esta nueva novela de Franzen. He leído y
oído todo tipo de críticas sobre este libro. Las que más me han llamado la atención
son aquellas que hablan de desencanto o frustración. Creo que son el resultado
de lo dicho más arriba: toda la parafernalia, toda la potencia de fuego de la
manipulación publicitaria modelan un prejuicio favorable que lleva a
interesarse (a comprar) el libro. Punto y final. Hasta aquí el trabajo del
editor, que ve entre sus manos una buena novela después de haber publicado cien
(digamos) normalitas y decide sacar partido, mucho partido, de un producto que
sabe que no es malo en absoluto.
En Libertad
la estructura formal no parece tener fisuras. Sólo resulta algo extraño que en
un par de extensas ocasiones (al principio y al final de la historia) el
narrador ceda su puesto a uno de los personajes, más concretamente a la protagonista
Patty. ¿Por qué usar el narrador protagonista si con el omnisciente la cosa
funciona mejor que bien? Tal vez para hacer ver que esta no es una novela del
XIX Franzen ha querido usar una herramienta narrativa más contemporánea.
Las distintas opiniones sobre la historia
y su final no son la única discusión enjundiosa que permite este libro. El uso
que el autor hace del término libertad
pone en solfa las decisiones y las actitudes de sus personajes, dejando en
evidencia al lector que tal vez pueda sentirse aludido.
La forma de contar es fluida y de cómoda
lectura. Domina a la perfección el aumento de la tensión hasta llegar al
climax, así funciona. El lector se mantiene absorto en la historia, a pesar de
tratarse, en apariencia, de una trama convencional. Así, por ejemplo, se ve
disfrutando de la lectura mientras le cuentan la vida universitaria de una
joven estadounidense de clase media, algo que no todos los escritores son
capaces de convertir en algo interesante.
«Fue
al cuarto de baño y se sentó en la tapa cerrada del inodoro, con el corazón
acelerado, hasta que oyó a Richard salir y empezar a manipular tablones. Existe
una tristeza peligrosa en los primeros sonidos del trabajo de una persona por
la mañana; es como si la quietud experimentara dolor al verse interrumpida.»
Este es el producto de un trabajo
meticuloso, una novela plagada de situaciones que engranan a la perfección la
personalidad de los protagonistas con el ritmo de la narración.
No pertenezco al grupo de los
defraudados, me ha gustado el libro. Libertad
es una buena novela con demasiadas páginas.


